Posibilidad de un nido

Todo empezó con la palabra ‘maricón’ grabada en un culo

Imagen de la concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra las agresiones homófobas. REUTERS/Sergio Perez
Imagen de la concentración en la Puerta del Sol de Madrid contra las agresiones homófobas. REUTERS/Sergio Perez

Fue el año aquel del caso en el que a un tipo le grabaron en el culo la palabra "maricón" y el país entero se revolucionó en 24 horas, hablaron el presidente del Gobierno, el ministro de Interior, los partidos de izquierda y derecha, todos. Corría 2021 y en la calle empezaba a haber miedo. Resulta que días después, el que había denunciado la agresión declaró que era mentira y que él había consentido… ¿Recuerdas tú como acabó ese asunto? Bueno, pues eso, que en las calles había miedo porque cada semana se denunciaban agresiones a homosexuales, lesbianas, trans, feministas, críos inmigrantes…

Era cuando ya sospechábamos, y así lo decían todas las encuestas, que la ultraderecha entraría en el Gobierno.

Aquel suceso fue la carroña que los buitres de la extrema derecha estaban pidiendo a gritos. Lo habían organizado todo para que sucediera algo así. No es que organizaran el hecho en sí, claro, lo del culo, sino que llevaban varios años difundiendo la idea de las denuncias falsas. Así que solo les faltaba la denuncia falsa, y ahí estaba por fin. Pero no una denuncia falsa cualquiera, nada menos que una denuncia falsa que había atrapado en su red al Gobierno y al mismísimo presidente.

La idea de denuncia falsa era la clave. Negar la realidad y oponerle un relato falsario pero que una mayoría de la población compraría, cada uno por sus propios intereses. Se decía que las mujeres mataban a sus hijos, que los magrebíes venían a violar, que el colectivo LGTBI estaba pudriendo las costumbres de la juventud, que las feministas lo eran para cobrar del Estado, que quienes ocupaban pisos eran bandas del crimen organizado… Qué barbaridad. Qué barbaridad porque la sociedad entera dejó durante mucho tiempo que la mayoría de los medios de comunicación difundiera esos mantras. ¿Eran mentira? ¡Evidentemente! Pero cada día se repetía la misma mentira en lugares que no eran reales. Las redes eran el sitio perfecto. Y para una mayoría cada vez mayor empezaban a parecer verdad.

Los hechos y las cifras no importaban. No importaba que las denuncias ciertas fueran todas menos una. Habían colonizado las redes sociales y la realidad no existía, sino el relato de la realidad, cualquier realidad. Ten en cuenta que te estoy hablando de España, un país en el que la dictadura, cuatro décadas después, seguía vivita y coleando. ¿País de cobardes? Puede. Desde luego, una democracia muy deficiente. Ese mismo año, el rey que había sido Jefe de Estado durante esos mismos 40 años estaba huido y demostrados sus primeros fraudes, e incluso partidos de supuesta izquierda, como el PSOE, se negaba a intervenir en eso, a investigarlo. De repente, cabía cualquier posibilidad.

Todo se erizó entonces. Recuerdo que el diario ABC tituló su editorial La ideologización de una mentira, y en verdad resumía la forma en la que se comunicaban las cosas: "El ridículo es mayúsculo, solo comparable a la aparatosidad de un montaje que, como en casos similares, pasa por la criminalización de los rivales parlamentarios, sin otra prueba que el prejuicio y la propaganda". "Ideologización", "propaganda", "comunismo", "adoctrinamiento"… Los creadores de argumentarios que al día siguiente difundieron todas las cadenas del país se frotaban las manos con tesis a cuál más salvaje. De nada servía ya lo que podríamos llamar "la realidad real", porque todo occidente navegaba sin brújula entre construcciones falsas multiplicadas por millones gracias a sistemas informáticos. Y de hecho, cabe preguntarse si esa no era también una realidad. ¿Qué era la realidad?

Aquello fue una escabechina. El caso del tipo al que marcaron el culo con la palabra "maricón" no alimentó solo la homofobia sino también la durísima cruzada contra el feminismo, alimentó el racismo y sobre todo la idea de las denuncias falsas. Total, nada era cierto. No sé si me explico, no es que no fueran ciertas las denuncias, que lo eran, es que eso no tenía relevancia. La extrema derecha tenía la semilla para la tierra que llevaba años abonando, et voilà. Germinó, ya lo creo que germinó.

La denuncia falsa de aquel tipo al que grabaron la palabra "maricón" en el culo fue la chispa que encendió todo lo que sucedió después. Qué desastre. Éramos idiotas y no lo vimos venir. ¿O sí? En fin, nosotros ya estábamos lejos cuando todo lo que vino después.