Posibilidad de un nido

La realidad ya no ‘vende’

Pixabay.
Pixabay.

Cuando en televisión un tema hace bajar la audiencia o directamente la manda a otra cadena se dice que "no vende". Por ejemplo, el tema de la supuesta "niñera" de la ministra Irene Montero vendía, y por lo tanto una mentira que podría haberse quedado en idiotez se alargó durante semanas. El "tema de Catalunya" no vendía, y acababa en dos minutos zanjados sin opiniones ni análisis. Si vende, se informa. Si no vende, no se informa. ¿De qué se informa y cómo? Ese es un punto que no tiene la menor importancia, como el hecho de que responda o no a una realidad existente. La actualidad no solo no tiene por qué ser actual, sino que ni siquiera tiene por qué ser verdad, puede no suceder en absoluto.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte parece que ningún asunto vende, a tenor de su ausencia ya no solo en las televisiones sino en los medios de comunicación en general. No se trata solo de la erupción del volcán de La Palma, que nos ha escupido en la cara las cosas que sí existen, que suceden, barriendo con cualquier otro asunto que pudiera (o no) suceder. Antes de la erupción, los medios de comunicación ya habían empezado a vivir la nada que hoy resulta de una evidencia palmaria.

Repasemos los temas informativos recurrentes en los últimos dos años: La pandemia, el coste de la electricidad, el desempleo derivado de la COVID y las medidas restrictivas o lo contrario, Catalunya (siempre), el Poder Judicial en todos sus aspectos, las actuaciones de la extrema derecha, el precio de la vivienda, la violencia de género, Podemos en general y las mujeres de Podemos en particular, los grandes casos de corrupción o algo a lo que bautizaron "el problema de la okupación".

¿Qué ha pasado con ellos? ¿Dónde están? ¿Se han resuelto de un plumazo? ¿Ya no pasa nada? Podría también ser que ninguno de ellos venda ya, que este no pasar nada responda a un hartazgo, un empacho de información por parte de la población. Podría ser.

El efecto muro del PP ha conseguido paralizar el trabajo parlamentario y el diálogo político. A eso hay que sumar la deplorable ignorancia y el vergonzoso nivel de las políticas y políticos de la extrema derecha, aunque la de los populares no es muy superior. La posibilidad de emprender una recuperación como país tras la pandemia, una recuperación en la que se involucrara el país entero resulta tan impensable como esperar consideraciones y respuestas sensatas o al menos inteligentes desde la derecha. Al principio podía parecer gracioso para sus correligionarios y votantes, pero ha acabado convirtiéndose en el guion de un mal tebeo que expulsa incluso a los más incondicionales. Titular una noticia con la última bobada de Pablo Casado o Isabel Día Ayuso ya ni siquiera vende entre los suyos.

Por otra parte, los grandes casos de corrupción, otrora magnos temas informativos durante meses, tampoco venden. ¿Cómo iban a hacerlo después de la sentencia de la Kitchen? Pero en fin, no es la Kitchen ni la vergonzosa exculpación de María Dolores de Cospedal, sino que esta sociedad ha acabado por aceptar que la corrupción no penaliza a un partido político y que las grandes empresas corruptoras siguen recibiendo contratos públicos gobierne quien gobierne.

En cuanto a la pobreza derivada del atropello energético, cuando informas cada jornada durante más de 20 que estamos viviendo el día con la luz más cara en toda la historia de España, la noticia se ha gastado y la actualidad pasa a ser realidad cotidiana.

Vivimos una sensación parecida a los momentos que preceden al tsunami, antes de que el mar empiece a retirarse y cuando ya la huida de los animales ha dejado sumido el territorio en un silencio pavoroso. Pero sucede que puede no haber tsunami. Tras la pandemia parecía que algo terrible iba a suceder, que se iba a hundir la economía, que los hosteleros iban a quemar las calles, que cundiría el hambre en eso que llaman clases medias. Parece que lo estaban esperando, y ahora que no ocurre nada no saben cómo responder, se han quedado pasmados, no estaban preparados para ello. ¿O debería decir estábamos, incluir ahí a toda la población?

Las extraordinarias condiciones en las que hemos vivido desde que nos encerraron en casa y un virus letal transformó la forma de vivir del planeta interrumpieron de cuajo nuestra realidad, el devenir de los días. Resulta imposible que eso no nos haya transformado íntimamente y como sociedad. Sin embargo, cuando hemos sacado por fin la cabeza a una normalidad que poco a poco va siendo más que conocida, nos damos cuenta de que no ha cambiado nada. Puede, pues, que lo que sucede haya dejado de interesarnos, aun sin darnos exacta cuenta. Es decir, que lo que solía suceder ha dejado de vender. Podría ser.

Sea como sea, la desaparición de los asuntos que solían ser de relevancia informativa sigue avanzando, pero la política del espectáculo y la sociedad del aspaviento necesitan sus cuotas de entretenimiento, de escándalo y adhesión. Ahí entran la extrema derecha y sus odios, las Ayusos de turno y sus medidas destructoras, las nuevas formas de una supuesta "libertad" que arrasa con toda construcción ética y socialmente sostenible.

La erupción del volcán en la isla de La Palma ha vaciado de otras informaciones los medios de comunicación, pero esos temas estaban ya hace tiempo en fuga.