Posibilidad de un nido

Porno y carne de consumo

Pixabay.
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Usted ha visto alguna escena de pornografía. No pasa nada, no salga huyendo, no significa que usted sea lo que llaman "consumidor" de pornografía. O "consumidora", algo menos habitual. Volvamos a enunciarlo: Pongamos que usted ha visto alguna escena de pornografía en los últimos, por ejemplo, diez años. Diez años es mucho tiempo para un muestreo, admitámoslo, porque esto no es un muestreo. En dicha escena aparece, muy muy mayoritariamente, una mujer, una joven o una chica vamos a dejarlo en mayor de 18 años porque lo contrario nos llevaría a cuestiones criminales. Usted es muy probable que haya visto, por la razón que sea, una escena porno en los últimos años. Vamos, si varios cientos de millones de personas se conectan a un canal de sexo a diario, ¡cientos de millones a diario!, es bastante probable que usted haya sido uno de ellos en los últimos, pongamos, 10 años, ¿no? Y si no, quizás le interese lo que sigue por la misma razón.

Probemos, usted y yo, a responder a cualquiera de las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué regulación laboral tienen las principales empresas que difunden la pornografía que usted ve o que rechaza ver, lo que es lo mismo?
  2. ¿De dónde proviene exactamente la confección de las prendas de su armario?
  3. ¿Cuál es la procedencia del último pescado o tomate que consumió?
  4. ¿Qué componentes tiene la vacuna que le han inyectado contra la pandemia?
  5. ¿Cuál es la lista de los principales accionistas del medio de comunicación por el que se informa?
  6. ¿Quién o quiénes diseñaron los contenidos de su educación escolar y/o universitaria?
  7. ¿Cuántas prostitutas se ofrecen en territorio español?
  8. ¿Cuál es el patrimonio real de cada uno de los presidentes que ha tenido el Estado español o sus Gobiernos autonómicos?

He pensado en lo del porno y en la forma en la que vamos delegando lo que somos, o sea todo lo anterior, este miércoles. Los asuntos de la carne tienen, sin duda, sorprendentes conexiones. Gabriel Rufián ha dicho algo sobre el asunto de Alberto Garzón, las llamadas macrogranjas y todo el basural que la indudable destreza comunicativa del ministro de Consumo ha vuelto a poner evidencia. En fin, el de ERC ha dicho muchas cosas, pero me ha interesado sobre todo una: Garzón es el ministro de Consumo del Gobierno de España. Mire usted qué obviedad más molesta.

Existen unas granjas de tortura animal. Comamos o no comamos carne, existen. Como lo del porno. Consumo.

El hecho no es que el ministro Garzón lo haya denunciado, sino que ha tenido que denunciarlo para que hablemos de ello. Consumo. O sea, lo que consumimos. Me he acordado de aquello que aprendíamos (imagino que sigue siendo igual) sobre las funciones vitales de los seres vivos: nutrición, interacción y reproducción. Es imposible no pensar en lo de la nutrición, tal y como están los basureros de nuestra política actual. Pero tal gesto implica ampliar el foco a las llamadas interacción y reproducción.

La cuestión es qué delegamos y en quién. Qué parte de nuestras vidas confiamos a otros, a otras, generalmente instancias superiores en las que decidimos confiar. Y por lo tanto, la cuestión es preguntarnos por qué confiamos en ellos o ellas. En el caso de nuestra alimentación, de aquello que consumimos en general en términos de nutrición, elegimos vivir en una sociedad que nos impide hacernos cargo directamente del asunto. Una, uno, no siempre tiene una granja amiga con tres cerditas al lado, tralará, ¿verdad? Es evidente que no, y por lo tanto, delegamos. ¿Qué delegamos? La procedencia de nuestros alimentos, su origen, composición, sustancia.

Ah, pero somos sustancia. Se trata de nuestro cuerpo, o sea de lo que somos en un sentido muy básico. Nutrición, interacción y reproducción.

Así que, de la nutrición (versión garzonista) he pasado a la interacción. Se me va a permitir dejar la reproducción aparte, porque ni siquiera en su definición las cosas están claras: se dice reproducción "sexual o asexual", así que, entre eso y el feminismo de manual, la cosa amerita artículo aparte. Pero sí apela a la "interacción" entendida como forma de vivir en sociedad.

Volvamos a las preguntas del principio y respondamos a otras paralelas: ¿Qué somos tras delegar? O sea, ¿qué delegamos exactamente? O sea, ¿qué responsabilidades nos quitamos de encima?

Cuando Rufián ha puesto en evidencia que Alberto Garzón dice lo que dice sobre nuestra alimentación sencillamente en tanto que ministro de Consumo, no he podido dejar de pensar en aquello que consumimos y por qué. Como no todas, no todos, tenemos una granja de pollos y terneras en el patio, ni una envasadora de leche o mermeladas, de agua o crema hidratante, de pepinos, cedemos la responsabilidad de aquello que consumimos a una instancia llamada Ministerio de Consumo. Sin embargo, este supuesto altercado político pone en evidencia lo que sucede acerca de todo aquello que "consumimos" y por lo tanto forma parte de lo que somos. No solo alimento, también interacciones (y ya hablaremos de la reproducción, lo juro).

He pensado en la carne de vacuno y porcino, y he acabado en el porno. Así es. Consumo de carne y su regulación. No laten bajo esta reflexión consideraciones morales sobre el consumo de carne de vacuno o de pornografía, pese a que usted, al leerlo, haya caído en la tentación. Me refiero a la regulación de aquello que forma parte de nuestra construcción como seres humanos en sociedad, de lo que somos. Más vale que alguien empiece a regularlo, porque hemos delegado nuestras responsabilidades. En el caso contrario, alimento, relaciones, sexualidad, caeríamos en un vacío difícil, muy difícil de explicar.