Opinion · Crónicas insumisas

Acabar la guerra en Siria

Tica Font, Directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau.

Estos días los medios se dedicaban a fondo con el drama humanitario de los refugiados en las fronteras de entrada en la UE, en especial de la frontera en Hungría y los puertos de Grecia. Los reportajes hablaban de las razones por las que han abandonado su país, la guerra, y las aspiraciones de llevar una vida sin miedo dirigiendo sus pasos especialmente a Alemania. Muchos reportajes acaban reconociendo que el problema de los refugiados o el de los inmigrantes hay que resolverlo en origen. Entonces hay que convenir que es necesario prevenir las guerras o por lo menos arbitrar medidas para poner fin a ellas. Con la emigración se deben arbitrar igualmente medidas preventivas de ayuda al desarrollo si se quieren evitar éxodos masivos. Pues la gente no abandona su casa y su país si su vida no corre peligro o tiene cubiertas sus necesidades.

Los conflictos son complejos y en ellos intervienen multitud de factores diferentes tanto para desencadenarlos y como para sostenerlos en el tiempo. Esta complejidad es la que está teniendo lugar en el conflicto de Siria, en la que al mismo tiempo tienen lugar un enfrentamiento entre fracciones religiosas, otro geopolítico regional y a la vez mundial. Bashar al-Asad y su grupo religioso son alauitas (una rama chiita), enfrentados históricamente con los sunitas; al-Asad está enfrentado con las monarquías del Golfo, no solamente porque éstas son sunitas, sino también por el reparto de poder en la región y las alianzas entre países; además al–Asad ha intervenido en Líbano, se ha enfrentado a Israel, ha apoyado a Hezbolá (considerada organización terrorista por los países occidentales), que a su vez amenaza a Israel. En este contexto Rusia y en menor medida China, después de la intervención militar de EEUU en Afganistán, la invasión de Irak, la intervención en Libia y el apoyo occidental y de Arabia Saudí al golpe militar en Egipto, han tratado de poner freno a lo que ellos consideran un excesivo intervencionismo de EEUU y en menor medida de la UE en la región, internacionalizando el conflicto. Algunos analistas hablan de guerra mundial para referirse al conflicto que está teniendo lugar en la región.

La mayoría de refugiados sirios huyen de su país al ver cómo día a día la situación empeora y vivir en sus ciudades es cada vez más difícil, han perdido la esperanza de que el conflicto acabe. La situación de las personas sobre el terreno se deteriora de manera dramática como resultado de la división del país y del enfrentamiento entre el régimen y las diversas fracciones y milicias salafistas, yihadistas, islamistas, seculares y también de las milicias kurdas. Al mismo tiempo que las potencias regionales como Irán, Arabia Saudí, Qatar y Turquía actúan financiando generosamente a las diversas milicias, dotándolas de armas y formación militar; lo mismo podemos decir de las potencias extranjeras como Estados Unidos, la UE, Rusia y China que cada uno por su lado han ayudado a las partes enfrentadas.

Las guerras para llevarlas a cabo requieren formación y financiación. La estrategia militar del Estado Islámico es buena, está bien diseñada y planificada; algunos analistas señalan que ex militares sunitas expulsados en el 2003 de las fuerzas armadas iraquís, se han unido a EI en el frente de Siria para derrocar a al-Asad; EI a su vez se enfrenta en Iraq contra el presidente del gobierno iraquí, el chiita Haider al-Abadi. En definitiva ex policías, ex militares ex agentes de inteligencia de Sadam Husein son los estrategas militares de EI, pero sin el apoyo financiero y armas desde el exterior no es posible que EI tenga éxito.

Estados Unidos y la UE pretenden derrocar el régimen de Bashar al-Asad sin haber sacado conclusiones del resultado que ha tenido derrocar el gobierno talibán de Afganistán, el de Sadam Husein en Iraq o el de Gadafi en Libia. Con esa finalidad se han alentado, fomentado y financiado a grupos disidentes, opositores, se ha prestado ayuda militar, formación y armas a milicias rebeldes que combaten a al-Asad y que a su vez combaten a EI.

La estrategia de EI en Iraq es la de conseguir una vasta porción de territorio que le permita financiarse y negociar políticamente con el Gobierno de Al-Maliki un reparto del poder y, sobre todo, poder beneficiarse de los campos petrolíferos que controla a través de la venta de crudo. En definitiva, para poder negociar desde una posición de poder el EI necesita controlar pozos de petróleo y acuíferos de agua.

Estos días ante el drama humano de los refugiados que quieren entrar en Europa, el presidente Hollande anunciaba que ordenaba al ejército francés bombardear posiciones de EI en Siria para acabar con la guerra. Estos bombardeos, que ya han comenzado, no acabaran con la guerra, y dado que los combatientes de EI se mezclan con la población en las ciudades, el coste humano entre la población civil será elevado. Otros gobernantes han propuesto volver a las negociaciones de paz, esta vez permitiendo que el régimen de Bashar al-Asad también participe de las mismas, pero poniendo la condición que dimitirá y abandonará el poder.

Poco se ha hablado de luchar contra el EI en el terreno de las finanzas, algunos analistas afirman que EI obtiene entre 500 y 2.000 millones de dólares por la venta de hidrocarburos. ¿Cómo es qué no se sigue el rastro del petróleo? Vender tanto petróleo requiere una logística de distribución compleja, ¿Cómo es que no se siguen, con toda la tecnología de que disponemos el rastro del petróleo? El petróleo contiene impurezas que permiten saber de qué pozo se ha extraído y por tanto podemos saber con un análisis su procedencia y conseguir saber quién lo ha comprado. Seguro que hay empresas petroleras que a precio más bajo que el de mercado compran crudo a EI. Tanto dinero necesita la intermediación bancaria, ¿No se puede seguir el rastro del dinero que llega al EI? Tampoco olvidemos que Siria e Iraq son ricas en patrimonio arqueológico, es seguro que EI realiza ventas en el mercado negro de piezas arqueológicas con las que obtener financiación. EI necesita dinero para mantener el control de sus territorios, sin él muchos de sus combatientes abandonarían el campo de batalla.

Hay diversas propuestas para finalizar la guerra en Siria e Iraq, hay que escoger las menos dañinas para los ciudadanos sirios o iraquís, cortar las fuentes de financiación del EI solo requiere de voluntad política, no solamente para vigilar que no se venda el petróleo o piezas arqueológicas, sino también para impedir que la guerra sea una oportunidad para hacer negocios los especuladores.