Opinión · Posos de anarquía

Refugiados de quita y pon

Hoy se celebra el Día Mundial de los Refugiados con la vergonzante cifra récord de más de 43 millones en todo el mundo. Conflictos como los de Afganistán o Mozambique han generado más de un millón de refugiados cada uno. La definición establecida por la Convención de Ginebra en 1951 se ha quedado anticuada, pues se suman ahora los millones de desplazados climáticos y de catástrofes naturales. El lado oscuro de la Primavera Árabe ha traído consigo miles de inmigrantes que no siempre han encontrado una respuesta positiva en los países receptores, con la Unión Europea a la cabeza que llegó a poner en tela de juicio el Acuerdo Schengen.

Surge así una nueva dimensión alrededor del refugiado: su naturaleza como fruto del conflicto pero, al mismo tiempo, fuente de nuevas hostilidades entre Estados debido a los masivos flujos migratorios. La historia así lo ilustra a través de conflictos como la independencia de Bangladesh en la década de los 70, cuando cerca de 10 millones de habitantes pasaron a India a un ritmo de 100.000 diarios, según ACNUR. El gobierno indio estimó entonces que el coste que trajo consigo esta avalancha, tan sólo durante 6 meses, ascendió a 175 millones de dólares. Más cercano, el genocidio de Ruanda, que movió a un millón de refugiados a Zaire y Tanzania, respectivamente.

Paralelamente, a la cabeza de estos casi 44 millones de desplazados -casi una España entera- se sitúan los campamentos de refugiados que han terminado por tener consecuencias inesperadas como prolongadores de los conflictos. Casos como los campamentos saharauis de Tindouf o de damnificados por el terremoto de Haití son prueba de ello. En el primero de los casos, más sangrante aún, porque se ha dejado a un pueblo a su suerte en el desierto más duro de la Tierra durante 36 años, congelando la resolución que dicta el Derecho Internacional.

Los refugiados, y mucho más los campamentos de refugiados, nunca serán solución de ningún conflicto, más bien al contrario: se presentan como el fracaso de la política internacional, como la vergüenza de la crisis humanitaria que asola al Globo y a los países desarrollados, pues un día como hoy, ACNUR nos recuerda que el 80% de los refugiados se encuentran en países en vías de desarrollo. A diferencia de lo que sucedió en guerras como la de Vietnam, los países más poderosos -liderados por EEUU- que han propiciado los conflictos que, a su vez, generan los grandes flujos migratorios, no se están preocupando de reasentar a estos refugiados, lo que no contribuye precisamente a fomentar la estabilidad regional. Y eso pasa factura, ahora y en el corto-medio plazo.

Sería bueno preguntarse, quizás, por qué en algunos de los conflictos actuales este reasentamiento de refugiados no se está llevando a cabo, por qué el contagio de inestabilidad por la vía de los refugiados es interesado, aún cuando luego se abandone a éstos a su suerte. En definitiva, sería bueno preguntarse qué es más detestable, si instrumentalizar una dictadura en beneficio propio o al posterior refugiado para cambiar las fichas del tablero a nuestro antojo.