Opinion · Posos de anarquía

Indignados en Downing Street

Mientras todas los ojos se centran estos días en Grecia y su plan de rescate, los líderes europeos miran de soslayo hacia Londres, donde el Gobierno de Cameron se enfrenta una huelga del sector público. Tras haber visto cómo su sueldo quedará congelado durante dos años -lo que a efectos prácticos y dada la inflación es como una bajada de sueldo-, más de 750.000 funcionarios protestan ahora por una reforma de las pensiones que, aunque aún tiene flecos por cerrar, ya apunta a que retrasará paulatinamente la edad hasta los 67 años -7 más de lo establecido ahora-, además de subidas en su cotización.

La huelga no ha contado ni con el apoyo del principal partido de la oposición ni con el de todos los sindicatos y, con todo, parece que arrastrará a un buen puñado de indignados. Desde Downing Street, por ejemplo, esperan que cerca de 24.600 escuelas no puedan abrir hoy. Un sector del funcionariado prefiere aguardar a otoño para dar el do de pecho en sus protestas y eso puede debilitar en parte el seguimiento del paro de hoy, pero ahora o en otoño, la indignación ya es masiva.

Y es que, como ha sucedido en España plasmado en las protestas multitudinarias del Movimiento 15M, el pueblo recrimina al Gobierno que no predique con el ejemplo. Un miembro del Parlamento, cuyo salario ronda las 65.700 libras (unos 73.100 euros) tan sólo precisa cotizar 15 años para retirarse con una pensión de 24.000 libras (26.700 euros). Un ciudadano tiene que cotizar 700.000 libras (780.000 euros) para obtener la misma pensión a partir de los 65 años. Asimismo, la pensión de viudedad cuando fallece un parlamentario equivale a cuatro veces su sueldo anual y una renta de cinco octavos de la pensión.

Así, resulta muy complicado convencer a la ciudadanía de aceptar fuertes recortes, más aún con denuncias como las que vertía el Financial Times hace unos días, asegurando que los contribuyentes pagaron en 2008 hasta 12 millones de libras (unos 13,5 millones de euros) a las pensiones de los parlamentarios, tres veces más de lo que lo hicieron los propios parlamentarios. Si hace unos meses asistimos a una Primavera Árabe, vemos ahora un Verano, incluso un Otoño Europeo… sobre todo mientras los Gobiernos sigan fieles a la máxima de Churchill cuando hablaba de Estados Unidos: «Confían en hacer lo correcto sólo después de haber agotado todas las demás posibilidades».