Opinion · Posos de anarquía

Peor que un mono, español

El ala republicana de EEUU se está radicalizando cada vez más, encontrando a su máximo exponente en el Tea Party, que ha pasado de inquietar a asustar. Así lo prueban las declaraciones de algunos de sus miembros animando a Israel a disparar a los integrantes de la Segunda Flotilla de Gaza. Un despropósito. El clímax de la polémica ha venido del lado de Joshua Treviño, un clásico del Tea Party y ex redactor de los discursos de Bush. A  través de su cuenta de Twitter se reafirmó en esta postura y mostró su desprecio por todo aquel, incluidos periodistas, que se hayan embarcado en la Flotilla, a la que considera un instrumento de Hamás. De hecho, asegura que «no se puede fletar un barco hacia Gaza sin la coordinación de Hamás», añadiendo que «la Flotilla de Gaza -o de Hamás, como también la llama- no solo ayudará a Hamás, sino que tendrá a personal suyo embarcado».

Una vuelta por su Twitter descubre perlas de un tipo que se jacta de amar a su país, pero lo hace a través del odio. Treviño es tajante y afirma que «si alguien actúa contra los Estados Unidos, o se alinea con los enemigos de Estados Unidos, se coloca fuera del círculo de preocupación para los estadounidenses de bien». Presume de no ser ni judío ni sionista y de defender a Israel sólo porque es beneficioso para los intereses de EEUU, al tiempo que equipara a Hamás con los nazis y niega que la Flotilla sea necesaria por razones humanitarias. Desde su punto de vista, «Gaza está bloqueada por culpa de los habitantes de Gaza, que decidieron apoyar a un grupo terrorista afín al genocidio», y la Flotilla es producto de una «coalición de idiotas útiles de Occidente» que sirve a una causa, como la de Gaza, totalmente ilegítima, según él.

Ya en el pasado, Treviño destacó por frases lapidarias como la suscrita en 2009 en The Brussels Journal -que se autodenomina ‘La voz del conservadurismo en Europa’-, cuando aseguró que «Israel carece de la mentalidad sangrienta para terminar las cosas como podría y como sus enemigos, sin duda, harían». Curiosa afirmación, realizada después de haber visto los efectos de la Operación Plomo Fundido, que se saldó con 1.400 palestinos muertos -se habla que un tercio de ellos niños- y más de 5.500 heridos. Un año después, esa misma Israel carente de mentalidad sangrienta, asaltaría la primera Flotilla de Gaza, asesinando a una decena de activistas humanitarios desarmados.

Así es Treviño, un tipo que cuando habla del plan de rescate de Grecia ironiza con subastar Santorini en eBay, que no duda al asegurar que «la opinión pública española importa muy poco fuera de España» o que, cuando responde a los numerosos insultos y amenazas de que es objeto en Twitter lanza improperios varios: ante el comentario «¿Existe realmente Treviño? Yo creo que es un mono que se ha escapado de un laboratorio», el republicano contesta «Peor, soy descendiente de españoles».

Lo dicho, el Tea Party ha dejado de inquietar. Ahora, asusta.