Opinión · Posos de anarquía

Mi primo me dijo que atentara

En Irán, cuando uno ha pasado al menos un par de años en las filas del Artesh (‘ejército’ en persa) puede aspirar a dar el salto a los takavaran. Se trata de un grupo de fuerzas especiales, cifrada en unos 200 efectivos aproximadamente. Entonces, se someterá a un durísimo entrenamiento, cuya duración supera los 20 meses. El modo de reclutamiento, incluso la doctrina de entrenamiento, prácticamente es clónica a la de las Fuerzas Especiales estadounidenses o británicas. Por las manos de un takavar pasa el armamento más vanguardista fabricado por Irán, dejando las reliquias made in USA, heredadas del reinado del Sha de Persia cuando iba de la mano de EEUU, al resto del ejército.

Y si el ejército tiene a los takavaran, los pasdaran (el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica) cuentan con la Fuerza Quds, un grupo especial más amplio -unos 15.000 efectivos de un total de 125.000 guardianes- instituido por el ayatolá Jomeini a finales de los 70. El propio Mahmud Ahmadineyad fue miembro de la Guardia Revolucionaria.

Con este panorama, ¿es creíble que Irán mandara a un ‘chapucero’ para cometer atentados terroristas selectivos de alto nivel en suelo estadounidense? Una cosa muy distinta es ver a Irán capaz de montar una operación de este tipo -como también lo es EEUU, que llegó a entrar sin permiso en territorio extranjero, matando a un terrorista sin juicio previo y arrojando su cuerpo al mar- y otra muy distinta que lo haya hecho con este aire de improvisación.

Por otro lado, la contundencia en la respuesta de EEUU, con amenazas, represalias y llevando el asunto a la ONU choca con las pruebas presentadas al más puro estilo de ‘Anacleto, agente secreto’. Al parecer,  el detenido de origen iraní, un tal Mansur Arbabsiar, ha confesado -vayan ustedes a saber cómo visto el historial de interrogatorios de Guantánamo- que seguía órdenes de su primo, que ocupa un alto cargo en la Guardia Revolucionaria. Eso es todo.

En espera de pruebas más contundentes, las acusaciones deberían carecer de peso internacional. ¿Irán es capaz de eso? Por supuesto, y de mucho más, como tantos otros países, ya sean de Oriente u Occidente. Pero hay que demostrarlo; de lo contrario parecerá una estrategia más de EEUU para arrinconar a quien se erige como amenaza, dado el poder que está ganando el gobierno de Ahmadineyad  en la región.