Opinion · Posos de anarquía

¿Por qué lo llaman meritocracia cuando quieren decir corrupción?

Como buen impulsor del neoliberalismo más recalcitrante, el PP siempre ha tenido por bandera lo que tiene a bien llamar la «meritocracia», un modelo de sociedad altamente elitista que discrimina y deja al margen a quienes no tienen recursos… más aún ahora, cuando los servicios públicos comienzan a ser desmantelados, bien imponiendo barreras económicas o empobreciendo su calidad. No hace falta añadirle dramatismo ni tirar del método Stanislavski como hizo ayer la Saénz de Santamaría para anunciar el Fondo Social de Viviendas.

Esta meritocracia quiere trasladarse a nuestra Sanidad, premiando el compromiso de unos médicos sobre el de otros; aun no sabemos cómo se medirá ese compromiso, si será porque te quedes con la boca cerrada ante las imposiciones del Gobierno. Este nuevo modelo es la espina dorsal de la reforma educativa de Wert, tan llena de despropósitos como la eliminación efectiva de las clases de refuerzo a los alumnos o, lo que es lo mismo, la condena educativa para quienes tienen más problemas.

Sin embargo, cuando uno observa el modelo aplicado en las mismas filas del PP, uno se da cuenta de que lo llaman meritocracia pero quieren decir corrupción, ya no sólo de estafas monetarias, sino también de posiciones inmerecidas, de enchufes, de indultos… Les animo a consultar la #15Mpedia, un completo documento en el que encontrará innumerables ejemplos de meritocracia.

Si uno tira de hemeroteca, pasada y reciente, es posible ver ejemplos de presidentes autonómicos corruptos absueltos, presidentas autonómicas que cobran cuatro sueldos y a sus diputados les quita el único que perciben, presidentes de gobierno y diputados que cobran dietas de alojamiento en Madrid a pesar de tener varias propiedades en la capital, alcaldes que impagan a proveedores y mantienen su mayordomo en el consistorio, presidentes autonómicos que reactivan el mercado inmobiliario comprando áticos sospechos en Marbella, ministras de Sanidad que no se fijan en el Jaguar aparcado en la puerta de su casa, ministras de Trabajo que prefieren un buen cóctel a una Cumbre Europea de Empleo, secretarias generales de partido que lanzan acusaciones infundadas de tramas de espionaje, diputadas que llaman al onanismo al parado sin prestación, diputados que llaman «pijo ácrata» al juez que no pasa por el aro,  homicidas involuntarios convictos que mantienen cargo de asesor en ayuntamiento y roza ya el indulto, alcaldesas que prefiere un buen spa a asumir responsabilidades…

La lista es interminable y, a decir verdad, extraordinariamente contradictoria respecto a lo que marca el discurso de quienes la componen. Y uno se ve abrumado por las preguntas: ¿Por qué son los más corruptos los que más prosperan? ¿Por qué piensan que «dimitir» es un nombre ruso y «honrado» uno cubano? En suma, ¿por qué lo llaman meritocracia cuando quieren decir corrupción?