Opinion · Posos de anarquía

De príncipes y emperadores

Hoy no tenía ni idea de cómo arrancar este post. Sabía lo que quería contar y cómo lo quería contar, pero no sabía por dónde empezar. Tenía en mente compartir con ustedes la modernidad chapada a la antigua con que nos quieren engañar quienes tienen la sartén cogida por el mango -no entro a precisar qué huevos son los que se están friendo-, pero no sabía cómo iniciar la reflexión.

Llevaban desde ayer rondándome la cabeza las palabras del príncipe Harry de Reino Unido, presumiendo de cómo en su gira de cuatro meses por Afganistán ha matado a afganos, armados con munición anticuada, desde su helicóptero Apache de más de 50 millones de euros. Cómo se lo ha pasado pipa acribillando talibanes y su padre le ha cortado el rollo porque «quiere que me comporte como un príncipe»; nada de «matar inocentes mientras está borracho» como llegó a acusársele.

¿Qué será comportarse como un príncipe?, me preguntaba, y para responderme, miré a nuestra España, a Felipe y su recién estrenada subida de sueldo de 10.400 euros en plena crisis. ¿Será eso lo que quieren en Reino Unido para la oveja negra de la familia real? Felipe, a fin de cuentas, no pone en riesgo su pellejo. De hecho, en los últimos tiempos he leído comentarios en diversos medios reclamándole lo contrario, que acuda a los sitios de conflicto en los que han muerto militares españoles, que asuma su rango militar y dé ejemplo. Que se gane el cocido que dirían algunos, vaya, que no todo es entregar premios, acudir a nombramientos de presidentes y pronunciar discursos repetitivos, vacíos de contenido, en las inauguraciones más variopintas.

Claro, que para mejorar esa actitud, ¿en qué espejo mirarse? ¿En su padre? Diría que ya lo hace, pues Juan Carlos también se ha subido el sueldo 21.000 euritos del ala, a lo que hay que sumar lo que sus publirreportajes semanales cuestan al erario público. Ya lo decía hace poco el bueno de Leopoldo María Panero, que «nacen Borbones, se crían bribones y se mueren bobones».

Muchas ideas entremezcladas, sin acertar cómo encajarlas y darles un punto de partida en este post, porque a las historias de principitos se unía la de un emperador, Obama, que se marcó un discurso de investidura mezcla de guerra y paz, aderezado con unas gotas de justicia social, que en los tiempos convulsos que nos asolan siempre dan un toque amable a cualquier invasión, a cualquier guiño al lobby judío mientras Netanyahu masacra palestinos. Hay que decir, no obstante, que Obama es lo más cercano que EEUU ha tenido de un buen presidente en los últimos años, pero intentar cambiar el sistema desde dentro es misión imposible porque, precisamente estás dentro porque ya formas parte del sistema.

Con todo este batiburrillo de ideas, ya no es que uno no sepa por dónde empezar, sino que se antoja complejo hasta rematar la faena. Y es entonces cuando vienen a la menta más ideas, pero que en lugar  de confusión parecen arrojar un rayo de luz, de claridad. Me refiero a los planteamientos de Toni Negri cuando habla de la necesidad de expropiar a los ricos, de escapar de la tragedia de la izquierda inventando una nueva que dé espacio a pensamientos inéditos, con la que el ciudadano reflexione y defienda su destino. En suma, una nueva izquierda que, nacida y mantenida por la soberanía popular, reorganice esta mal llamada democracia pariendo una nueva Constitución que no encubra a los mercados.