Posos de anarquía

Por qué la banca genera miseria

No puedo decir que me pillara por sorpresa, pero tras mi regreso a España desde Londres, la bofetada emocional que arrea la cruda realidad en la jeta es brutal. A pesar de haber estado en contacto con la realidad española y, especialmente, con las personas más allegadas, al escuchar de primera mano los testimonios de quienes peor lo están pasando a uno se le encoge el corazón.

La primera en la frente: tras años de no toparme con un amigo de la infancia, allí estaba, paseando en la calle con su hijo pequeño, camino de la casa de los abuelos (donde ahora viven todos juntos), cabizbajo y pensando qué nuevo curso hacer o qué otro carné de conducir sacar para romper con los tres años de paro que día a día le hunden un poco más.

No ha sido el único. En pocos días han llovido más ejemplos: el trabajador que tras 15 años en la empresa, y ya plantado en la cincuentena, le dan la patada con 20 días por año trabajado, reforma laboral del PP mediante... o la treintañera que tras baja maternal se reincorpora para, en unos días, firmar su finiquito... también con 20 días...

Uno de los casos más sangrantes ha sido el de un empresario, uno de esos emprendedores a los que este Gobierno pretendía tender una alfombra roja y que apenas ha quedado en felpudo. El empresario en cuestión se encuentra al borde del cierre por una mera cuestión de financiación. Los bancos le han cerrado el grifo inexplicablemente, puesto que cuenta con pedidos por un valor superior a los dos millones de euros. Necesita el crédito para poder producir y cubrir esos pedidos, con los que no sólo pagaría sus deudas sino que, además, obtendría beneficios... pero los bancos se niegan. Ni siquiera les sirve como garantía proyectos por más de medio millón de euros con el Congreso de los Diputados. Nada... a pesar de que hoy conocemos cómo entre compadres no dudan en prestarse los cuartos.

En esta coyuntura, la postura de connivencia del Gobierno es desesperante. La ciudadanía no ha hecho otra cosa más que inyectar dinero público a la banca y ésta, con el beneplácito del Ejecutivo de Rajoy y de la misma Unión Europea, ha cerrado todos los grifos. Por abrir, ya no abren ni a empresarios que, como el ejemplo expuesto, dan sobradas pruebas de solvencia y competitividad. Esa de la que De Guindos no deja de hablar y de la que parece no tener ni idea pues de otro modo cambiaría las reglas del juego.

Me refiero a esas reglas por las que la base del tejido empresarial español está cayendo en la más absoluta ruina, a pesar de ser el verdadero sostén de la economía. Resulta indignante ver cómo nuestro Gobierno defiende a capa y espada a multinacionales que apenas ya son españolas y que desvían todos sus fondos a paraísos fiscales mientras abandonan en el más absoluto de los desamparos a quienes se baten el cobre día a día.

¿Cuándo cambiarán esas reglas del juego? ¿Cuándo admitirá el Gobierno que su política económica, encomendada a falsos mesías como Adelson y su Eurovegas, no puede estar más equivocada? Entretanto, habrá más destrucción de empleo, mayores retrocesos en derechos laborales y, lo que aún resulta más paradójico al enfrentarlo con el discurso de Rajoy y sus secuaces, una pérdida de competitividad por una mera cuestión de financiación... la misma con la que la banca se sigue forrando mientras genera miseria.