Opinión · Posos de anarquía

Epidemia de Occidentalidad

Somos víctimas de una epidemia que, día a día, se hace más patente. Se trata de la Occidentalidad, cuyas bacterias campan a sus anchas por nuestro organismo y, en lugar de tratar de vacunarnos, nos inyectamos nuevas dosis malignas semana tras semana. Consecuencia directa de esta epidemia es la valoración global que muchas personas realizan de lo que está pasando en Ucrania. Ante la opinión pública y gracias a las visiones simplistas -e interesadas- de la mayor parte de los medios de comunicación, se erige a EEUU y la Unión Europea (UE) como los buenos y a Rusia como los malos… respecto a Ucrania, tan sólo es vista como la pobre desde esa visión lastimera que surge de sentimientos infundados de superioridad.

Resulta esperpéntico escuchar al secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, decir que “lo que Rusia está haciendo en Ucrania viola los principios de la Carta de las Naciones Unidas” o al secretario de Estado de EEUU, John Kerry, que Rusia “ha decidido invadir otro país sin ningún pretexto”. En primer lugar y aunque sea por una mera cuestión de diplomacia, Rusia no ha invadido nada oficialmente, puesto que los soldados desplegados en Crimea, aún siendo claramente prorusos, no lucen distintivo del ejército ruso alguno.

En segundo lugar y asumiendo la “invasión rusa”, ¿es necesario poner un pretexto? ¿Hace falta inventar armas de destrucción masiva como hizo EEUU en Irak (en lugar de admitir que iba a por el petróleo)  o decir que el objetivo es frenar las hordas terroristas en Malí como hizo Francia (en vez de admitir que lo importante era el uranio)? Puede que Rusia haya violado la soberanía nacional de Ucrania, como acusa Occidente, pero en su favor se puede afirmar que no ha inventado excusas, que cuenta con el apoyo mayoritario del pueblo de Crimea (no se ha disparado un sólo tiro ni se han producido situaciones violentas) y, además, su relación con Crimea es innegable: de hecho, el 60% de su población es rusa. Ya es mucho más de lo que puede decir Occidente de sus últimas intervenciones militares. Mucho más de lo que puede decir quien marca el paso en la Comunidad Internacional, EEUU, que asesina sistemáticamente sin juicio previo a civiles y supuestos terroristas en países como Pakistán sin contar con el permiso de éste. Eso sí que es violar la soberanía de un país y la Carta de las Naciones Unidas.

Pero aquí, en Europa, instalados en la comodidad de nuestra ignorancia y desinformación, seguimos creyendo que en Ucrania un pueblo ha luchado por su libertad y que Rusia es el demonio. No terminamos de ver que la UE ha apoyado a unas revueltas extremadamente violentas en Kiev -que no tienen por qué representar el sentir del resto del país- entre cuyas filas se encontraban mayoritariamente grupos de extraderecha y neonazis. Hemos visto cómo nuestros líderes europeos legitiman a unos grupos que con que sólo pisaran alguno de sus países, les meterían entre rejas y, de estallar una décima parte del conflicto de Kiev declararían el Estado de excepción.

Sin embargo, con Ucrania, se tienen otros raseros, unos que permiten legitimar a un nuevo gobierno de Kiev cuyo principal sostén son los grupos de autodefensa en las calles, que se toman la justicia por su mano. Auténticas arenas movedizas en las que camina la UE en un momento en el que, en países incluso como el nuestro, la chispa de una revuelta puede saltar en cualquier momento. De ahí leyes como la de Seguridad Ciudadana, porque aquí no vale lo que defendemos en otros países, en esos que EEUU dicta que han de ingresar en la UE y, sobre todo, en la OTAN para desequilibrar la balanza con Rusia.

No digo que defiendan a Rusia, pero les aconsejo que se vacunen de esta epidemia de Occidentalidad porque es mortal.