Posos de anarquía

España no es Grecia... pero hay que ver cómo nos parecemos

Europa mira hoy de reojo a Grecia, aunque no se atreva a hacerlo directamente a los ojos. Desde Bruselas hay miedo a una victoria de Syriza en la primera ronda de las elecciones presidenciales y, precisamente por ello, su maquinaria propagandística ha comenzado a mover sus engranajes. El propio presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, ha tenido la desfachatez de desplegar una estrategia del miedo entre los griegos, atemorizándoles con sacarles él mismo del euro si el partido de Alexis Tsipras se hace con el poder.

Precisamente Juncker, que es el primero que tendría que haber salido por la puerta de atrás de la Unión Europea después de su implicación directa en el escándalo de LuxLeaks (y que si sigue ahí es, paradójicamente, gracias al apoyo socialista). Juncker es un perfecto reflejo de lo que ha sido la política dictada por Bruselas -o sea, por Merkel- a Atenas: mientra se declara "amigo de los griegos", lo que han propiciado sus planes de austeridad ha sido miseria y desgracia.

Seis años de recesión y cuatro de duros recortes  aplicados por la Troika han dejado a Grecia con una tasa de desempleo superior al 26% que, lejos de crecer con la contención salarial impuesta (el salario real medio ha caído más de un 23%), se ha disparado.; un país sumido en la pobreza energética donde casi un millón de trabajadores trabaja gratis y ha de esperar cerca de 12 meses para cobrar y en el que los empleos por horas ya suponen más de la mitad. El poder adquisitivo de los griegos se encuentra al nivel de la década de los 80.

En esta coyuntura, el Gobierno de Rajoy, el Partido Popular y el PSOE miran, con más interés si cabe que Bruselas, el resultado de las elecciones griegas. El paralelismo entre Syriza y Podemos es inevitable y precisamente por este motivo, entre los círculos del PP ya cunde el argumentario de que Grecia no es España. Contrariamente a las similitudes que aparecían en el último tramo de la Administración Zapatero, cuando el propio Rajoy aseguraba que "estamos gastando como los griegos, recaudando como los griegos y con un déficit similar al de los griegos", hoy todo aquello se ha volatizado, al menos en el argumentario de Génova.

No sucede lo mismo en la España real, hasta el punto de que a la frase de Rajoy habría que añadir un "y estamos sufriendo como los griegos". En nuestro país, a pesar de contar con 700 millonarios más, la realidad es que la precariedad domina el mercado laboral con un imparable ascenso de los contratos por horas, hemos sufrido la mayor caída del poder adquisitivo en los últimos casi 30 años y tenemos el dudoso honor de ser el único país de la OCDE en donde los salarios reales no han crecido en los últimos 15 años. A ello se suman los atroces indicadores de pobreza crónica, de emigración de nuestros jóvenes, de recortes de los Derechos Humanos y las libertades civiles... de miseria y corrupción política.

Para los más optimistas, tenemos una democracia de mínimos, para los más realistas, estamos sometidos a la dictadura de los mercados. Esos mismos mercados que temen el ascenso de fuerzas políticas como Syriza en Grecia o Podemos en España. Esos mismos poderes económicos que no dudarán en chantajear, amedrentar y censurar cuanto sea necesario por mantener su status-quo. La pregunta es si el pueblo lo permitirá. Hoy, el primer asalto en Grecia.