Posos de anarquía

No fuimos nosotros quienes rompimos la Democracia

Ayer finalmente se aprobó en el Congreso la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana, que cualquiera que tenga dos dedos de frente no la llamará así, sino Ley Mordaza, pues nada tiene de protección, ni de seguridad y mucho menos de ciudadana. Se trata de una ley de represión del libertades que, fiel a su espíritu y al de su principal propulsor, Jorge Fernández Díaz, ha sido impuesta en la Cámara Baja con el rodillo de la mayoría absoluta del PP.

Ésta es una ley que sigue adelante a pesar del amplio rechazo de la ciudadanía que dice proteger y de la total oposición del resto de los diputados del Congreso... por eso hablo de imposición; algo que ya sería grave si Rajoy y sus cómplices hubieran llegado de una manera legítima y honesta al poder, pero cuando lo han hecho con un programa oculto que no tardaron ni un mes en poner en marcha podemos hablar, sin temor a equivocarnos, de autoritarismo.

Los españoles, ni siquiera muchos de los que votaron al PP, lo hicieron para que éstos promulgaran leyes como la Ley Mordaza, para que llevaran al país a niveles de desigualdad como jamás hemos vivido en España. Y ellos, en cambio, siguen hablando de democracia. ¿Qué clase de democracia es no escuchar, ya no digo a los organismos internacionales que han puesto la voz en grito ante la Ley Mordaza, sino ni al pueblo o al resto de los diputados que componen el Congreso? Eso, se mire desde la óptica que se mire, no es democracia.

No es la primera vez que cito a Platón en este blog: "Quien esclavice a las leyes, entregándolas al poder de los hombres, debe ser considerado el enemigo más peligroso de la ciudad y ha de ser eliminado de inmediato". El PP ha ocupado el lugar de las leyes en lugar de someterse a ellas y, en definitiva, pretende romper la democracia, aunque siga llamándola así. Lo que pretende Rajoy y su particular Torquemada Fernández Díaz es regresar a tiempos pretéritos en los que los derechos y libertades eran pisoteados por Franco. Ambos miran hacia aquella dictadura que nos pasó tanta factura, que a poca libertad que nos concedió la Transición nos pareció que ya éramos un país libre, una democracia moderna... y estamos en pañales.

Para clarificar las cosas, voy a explicarlo con el mismo símil que le gusta a Rajoy, el de las familias. ¿Recuerdan cómo usaba esa imagen para aclararnos que no se puede gastar más de lo que se ingresa y que, en ocasiones, hay que privarse de ciertas cosas? Pues bien, imaginen esa misma familia. El padre comienza a castigar al hijo sin motivo y si a éste se le ocurre rechistar, bofetón al canto. Los castigos y las palizas se van incrementando, acompañadas de frases como "a mi me duele más que tí" y "esto lo hago por tu bien". Y si a uno de los hermanos se le ocurre defender al otro, la ira del padre crece e, incluso, le manda al hospital de los porrazos que le asesta.

En ese caso, queridos lectores, cualquiera de nosotros entendería que los hermanos, sino la madre, se rebelaran ante el padre, se unieran contra esa violencia, esa represión injustificada, y le dieran a probar de su propia medicina en uno de esos arrebatos. Pues eso es lo que puede suceder gracias a la Ley Mordaza. No seremos los antisistemas quienes habremos roto la democracia, porque ayer el PP profundizó aún más las grietas que ya le había provocado, ayer resquebrajó sus pilares y cuando sucede eso, no le quedan muchas opciones al pueblo. Cuando los cauces de cambio que tiene la ciudadanía, más allá de la notablemente insuficiente cita a las urnas cada cuatro años, se dinamitan por parte de quienes precisamente han de velar por ellos, entonces, hay pocas altenartivas... y prácticamente ninguna la va a gustar a Rajoy. Ni siquiera esa "mayoría silenciosa" con la que cree que se arropa el presidente le cubrirán los suficiente.