Opinion · Posos de anarquía

Por qué hay que seguir luchando

Los resultados electorales de esta noche electoral evidencian que el bipartidismo da sus últimos coletazos y eso es, al mismo tiempo, positivo y negativo. Positivo porque ya tocaba que entrara un soplo de aire fresco, que se ventilara el país; negativo porque el ambiente sigue enrarecido. Los grandes derrotados en estas elecciones han sido PP y PSOE pero no lo olvidemos, siguen siendo los dos partidos más votados.

Sería una terrible irresponsabilidad no alcanzar una gran coalición capaz de desplazar a un lado a la derecha de este país representada tanto por el PP como por Ciudadanos. Pero la conclusión es que la izquierda tampoco ha triunfado. Ha fracasado. Es triste y desesperanzador, pero es así, porque PSOE no es izquierda. Hace mucho que dejó de serlo. Podemos no es izquierda, ellos mismos lo dicen, cuando se autodefinen como ‘los de abajo’. Sólo Unidad Popular es izquierda pura y genuina y, precisamente por ello, vuelve a probar el amargo sabor de la derrota.

Y a pesar de ello hay que seguir luchando, porque ese el espíritu de la izquierda, porque la izquierda es fiel a sus principios, porque la izquierda es izquierda por encima de todo y de todos, porque da igual cuántos cabezazos se dé contra la pared. Este año he conocido a un tipo, Manolo, que representa a la perfección ese espíritu. Un tipo que tiene más cicatrices de derrotas en su cuerpo que recuerdos de una sonrisa por una victoria. Y a pesar de ello, anoche seguía pensando en la lucha, seguía arrimando el hombro y empujando a los suyos para que la izquierda no muera.

Un tipo admirable, un político real que no cambia su discurso a pesar de saber que precisamente por ello acumula demasiadas derrotas. ¿Demasiadas, para qué? En realidad para nada y para todo. En el caso de este tipo, demasiadas nunca son suficientes para hacerle desfallecer, porque es un activista, porque es de los que creen que no debe cambiar su discurso sino conseguir que la ciudadanía la entienda. No es como otros partidos que amoldan el texto al auditorio. Un tipo auténtico y eso, al final, tiene que tener un valor, tiene que ser entendido por el pueblo.

Por eso hay que seguir luchando, por eso en algún momento esta España nuestra será capaz de desprenderse de todo lo que arrastra a sus espaldas, tendrá que cambiar la piel y soltar lastre. Tendrá que dejar de conformarse con el «más vale malo conocido…». Y cuando se decida a hacer eso, seguirá  habiendo tipos como Manolo, porque es más que un político, porque es un activista y este puñetero mundo, aunque España anoche volviera a olvidarse de ello, no lo cambian los políticos: lo cambian los activistas.