Opinion · Posos de anarquía

Macri, el salvador de Bahamas

«Queremos una Argentina desarrollada y queremos el bienestar de nuestra gente». «Vamos a salir adelante por la capacidad, por el talento, por la creatividad y por la fuerza de nuestra gente». «No podemos tolerar que en un país como el nuestro, con tanta riqueza, todavía mueran chicos de hambre». Son algunas de las frases del Mauricio Macri ante la Asamblea Legislativa. Su puesta de largo como presidente de Argentina, vaya.

Apenas un mes después, llegan los Papeles de Panamá y ese gran representante del cambio en Iberoamérica que las hordas neoliberales nos vendían en Europa, efectivamente, ejerce de lo que es: un capitalista redomado al que el concepto ‘patria’, como sucede aquí en España con muchos de los presumen de banderita, le importa en tanto en cuanto sea un instrumento para su riqueza personal. Nada más.

Macri, junto a su padre, aparece como director de una sociedad opaca en las Islas Bahamas, Fleg Trading Ltd, presumiblemente con el único propósito de la evasión fiscal. Vaya, vaya, vaya… dónde quedan frases de su discurso presidencialista como «venimos de años en los que el Estado ha mentido sistemáticamente, confundiendo a todos y borrando la línea entre la realidad y la fantasía» o «así, la credibilidad y la confianza fueron destruidas«?

Hoy, más que nunca, la credibilidad de Macri está por los suelos. Cuando ante la Asamblea Legislativa denunciaba que «nos encontramos con una delicada situación fiscal; una de las peores de las últimas décadas, por la irresponsabilidad e incompetencia de la anterior gestión«, ¿se refería a, como sucede en el resto del mundo -en España somos expertos- la vista gorda de los Estados con las élites que evaden impuestos en paraísos fiscales como, por ejemplo, las Islas Bahamas?

¿A qué se refería cuando avanzaba que «va a llevar un tiempo ordenarlo pero estamos comprometidos a hacerlo»? ¿A qué según ha sido elegido, en un ejercicio de responsabilidad que debería haberle llevado a ni siquiera presentarse, dimita? ¿De veras los argentinos quieren y se merecen un presidente que, a todas luces, defraudó al fisco y, con ello, a la nación?

Yo creo que no. Que ahora el presidente argentino se defienda negando que tuviera acciones de esa empresa es tan torpe, un argumento tan pobre, que delata que no tiene escapatoria. Sencillamente, señor Macri, se ha destapado lo que en realidad era un secreto a voces pero que nunca viene mal que se amplifique y saque los colores. Si usted, el gran salvador de la Argentina, como sus colegas neoliberales se han encargado de repetir en la Vieja Europa una y otra vez, consiente aparecer como director en una sociedad opaca que evade impuestos, ¿de verdad cree que es digno de gobernar un país como Argentina?

Haya evadido o no directamente, el conocimiento de esa sociedad -y eso es un hecho que lo tenía- puede que sea legal, pero es absolutamente inmoral y le incapacita para ser presidente. Su defensa torticera y su negativa a dimitir, aún le hacen más indigno. Como diría otro de su misma calaña, «váyase, señor Macri».