Posos de anarquía

Adiós, Shangay Lily

Se nos ha ido Shangay Lily. Lo ha hecho sin hacer ruido, quizás por aquello de seguir sorprendiendo, de continuar siendo la irreverente que siempre fue, por hacer lo contrario de lo que esperaban de ella. Han pasado muchos meses desde la última vez que hablamos -ahora me parece una eternidad- y recuerdo cómo desde mi fuga a Málaga me animaba a "reconstruir". Shangay Lily era una experta en eso, en "reconstruir", aunque para eso antes sabía perfectamente que hay que destruir. Y lo hacía, vaya si lo hacía.

Cualquier que siguiera Palabra de Artivista se daba cuenta de ello. Shangay Lily nunca tuvo pelos en la lengua, ni adornó lo que no merecía ser adornado. Aquello de ser diplomáticamente correcta, sencillamente, no existía para ella, porque a las cosas hay que llamarlas por su nombre, porque cuando uno cuenta con una tribuna pública tiene la responsabilidad de denunciar con crudeza los atropellos de quienes nos pasan por encima con sus coches de la vida de alta gama.

Shangay Lily siempre supo hacer eso muy bien. El modo en que se volcó, por ejemplo, con Alfon es una prueba de ello, pero no es, ni mucho menos, la única. El feminismo y la lucha encarnizada contra el patriarcado estarán siempre en deuda con ella, como lo estará también el movimiento LGTB y queer, el verdadero, no esa escisión capitalista que al final sacrifica su propia identidad por un puñado de euros. Y es que ella nunca se vendió, aunque fueron muchos los que quisieron comprarla.

Se nos va una persona íntegra, de esas pocas con las que uno se cruza en la vida, a las que uno admira, con la que no siempre coincides pero respetas porque es genuina, es auténtica, tiene principios. Shangay Lily, mal que le pese a muchos, seguirá siendo azote de las injusticias, sus textos cáusticos continuarán corroyendo la moral de los que se alzan, precisamente, como pilares éticos de la sociedad, de esos cristofascistas que tanto destestaba.

Hoy es un día triste porque uno tiene la sensación de que siempre se nos van antes de tiempo los buenos, nunca los indeseables que, por norma general, siguen haciendo la puñeta octogenarios. Hoy es uno de esos días en los que uno siente que las filas de este frente artivista se debilitan, flaquean con una baja irremplazable pero, lejos de desfallecer, hay que sacar fuerzas para seguir la lucha. Así lo habría querido Shangay Lily, porque si algo demostró siempre es que hay que luchar hasta el final. Adiós, amiga mía.