Posos de anarquía

Carnicería en Ferraz: La Rosa Nostra sevillana

El 1 de octubre de 2016 pasará a la historia del PSOE como uno de los más negros en sus 137 años de vida. Once horas de carnicería en la sede de Ferraz de una guerra fratricida que lleva muchos meses librándose y que en la última semana dio ya el salto al cuerpo a cuerpo. Un movimiento que, haciendo un juego de palabras, es digna de la Rosa Nostra sevillana.

La brutalidad con que ayer el PSOE se autoinfligió un daño difícilmente reparable fue totalmente innecesaria. Quien piense que de la vergonzosa jornada de ayer el partido sale reforzado es un ingenuo... es el mismo que creyó a Susana Díaz cada vez que decía que no tenía aspiraciones de ir a Madrid, que su sitio estaba en Andalucía.

Todo cuanto sucedió ayer debió de revolver las tripas a quien realmente se sienta socialista. Y digo se sienta, porque hay muchos que se creen socialistas, pero no es lo mismo. La diferencia es sutil, cierto, pero quienes se sienten saben muy bien a lo que me refiero. Y muchos de los que ayer defenestraron a Pedro Sánchez tan sólo se creen, pero cuando hay que demostrar lo socialista que es uno, no les hierve la sangre.

El harakiri que se hizo ayer el PSOE, con la katana convenientemente afilada por Felipe González y sujeta por Susana Díaz, evidenció la falta de democracia interna que existe en la formación. Un partido que continúa secuestrado por gente como el ex presidente González, que con su mente maquiavélica que comparte con su paisana, sabe cuándo y cómo agitar a las masas aborregadas.

¿Aborregadas? Sí, porque muchos de sus seguidores, de los que ayer dieron la estocada a Sánchez y, con ello, al PSOE (para muchos pesos pesados, un PSOE roto), le siguen a pies juntillas sin cuestionarse qué intereses mueven realmente a González, que hace muchas décadas que es indigno de aquel 'Isidoro' de guerra. No cuestionaron que cuando dice que se siente engañado, lo fue por todos, porque el Comité Federal tomó en bloque la decisión del no a Rajoy en julio.

Asimismo, no deja de ser curioso que las hordas de Susana Díaz reclamaran la dimisión del que hasta ayer era secretario general por las derrotas en Galicia y País Vasco y nadie se las haya reclamado a Xoaquím F. Leiceaga o Idoia Mendia.

Y en esa inercia aborregada, fuimos testigos ayer de cómo los críticos eran capaces de negar a Sánchez como secretario general y, justo después, presentar una moción de censura contra alguien al que no reconocen. Una auténtica desfachatez, sobre todo porque haciendo eso no habría sido necesaria la dimisión de 17 miembros a mitad de semana. Muchos de ellos movidos más por su rencor y ansías de revancha contra Sánchez, como es el caso de Tomás Gómez o Eduardo Madina, impidiéndoles ver que estaban veniendo el alma del partido al diablo.

La carnicería que tuvo lugar ayer en Ferraz tiñió sus paredes de sangre. Y ya avanzo que tardarán mucho en poder borrar su rastro y las psicofonías de la matanza política podrán grabarse durante décadas. Antes del 31 de octubre hay que conformar Gobierno y la nueva gestora capitaneada por el asturiano Javier Fernández -que seguramente hace meses que conoce la maniobra- llevará a Rajoy en volandas a La Moncloa.

Las bases socialistas no deberían consentir esto, la militancia, que es realmente la savia de un partido y la que gana las elecciones, no debería tolerar que se tomen decisiones tan trascendentales para el partido y para el país ninguneándoles de ese modo. Ayer fue un día de alegría para banqueros, empresarios de la CEOE, corruptos (valga la redundancia) y demás miembros de una élite que lleva el país a pique. En cambio, fue una jornada triste, muy triste y desesperanzadora para cualquiera con un mínimo de conciencia obrera.

Y quizás por eso mi querido Aute salió al final del coma y anda recuperándose fuera de peligro de su infarto, porque en el fondo de su ser, se le revolvieron las tripas con lo que pasaba en Ferraz, dándole la razón a lo que declaraba en una de sus últimas entrevistas: "El poder es tremendamente genocida en todos los sentidos y el poder económico sobre todo. La clase política está sometida a los intereses financieros".