Opinion · Posos de anarquía

Tolerancia a la corrupción, tolerancia al fraude

Inditext eludió el pago de unos 600 millones de euros en impuestos gracias a la ingeniería fiscal. ¿Cometió un delito? No, porque por más que muchos venimos denunciando este tipo de actuaciones, los legisladores continúan sin cerrar los agujeros fiscales que permiten estas prácticas. Amancio Ortega no es rico por casualidad; mientras quienes nos gobiernan continúan situándole como un ídolo, él y su entramado de empresas prosiguen desplegando un moral algo más que cuestionable. Aviso a navegantes o, por ser más precisos, a los empresarios que se miran en ese espejo.

La noticia salta los mismos días que continuanos conociendo cómo tenemos un problema con los futbolistas. Cuanto más grandes, cuanto más ídolos, mayores son nuestros problemas. Y digo «nuestros» porque el dinero que, con ingeniería fiscal o no, terminan por no pagar a las arcas del Estado, es dinero que en cierto modo nos roban. Ese sí que es dinero que no cubre la Sanidad pública o la Educación, y no el IVA que no paga un autónomo que saca limpios 400 euros al mes, de los que 260 son para pagar autónomos.

Mientras no asumamos que es un tema que nos concierne en primera persona, continuarán sin taparse esos agujeros fiscales, continuarán apareciendo jueces que nos intentan prohibir a los periodistas que denunciemos fraudes fiscales de ídolos, continuarán tapándose o quitando importancia a estafas -aunque sean morales- a la ciudadanía.

Son muchas las voces que oigo hablando de la grandeza de España, de lo madura de nuestra democracia, de la libertad que respiramos en este país. Ojalá escuchara a esas mismas voces criticar con esa misma intensidad este tipo de prácticas, ojalá a esos, cada vez más numerosos, les oyera hablar de cómo Bruselas ha expedientado a España por no sancionar a Volkswagen por el Dieselgate.

No es que Europa lo haya hecho especialmente bien, puesto que las sanciones en el Viejo Continente han sido de risa comparadas con las de EEUU. Al otro lado del Charco se movieron con celeridad y prácticamente se comieron el fondo para indemnizaciones que tenía el fabricante de coches.

Aquí, en España, se miró para otro lado. Hace apenas 15 días que conocíamos que Volkswagen pacta con los sindicatos recortar la plantilla en 30.000 trabajadores sin despidos. ¿Creen que es casual? Seguramente no… seguramente es el chantaje del desempleo que tanto utilizan las empresas para que las autoridades miren para otro lado, bien sea por una cuestión de sanciones, o de medio ambiente, o de Marca España o lo que sea…

30.000 trabajadores parecen muchos trabajadores, pero el problema es que cuanto más cedemos al chantaje, más se generaliza éste, más lo asumimos como algo normal y los daños colaterales se multiplican. No consintamos que, como ha sucedido con la corrupción política, la resignación se generalice, porque la precaridad laboral es parte de ese chantaje, de esa resginación. No lo olviden, porque que lo haga uno de esos futbolistas a los que sigue aplaudiendo a pesar de que le roban es hasta comprensible -que no justificable-, pero que lo haga usted, que trabajando sigue sin llegar a fin de mes, sencillamente, es imperdonable.