Opinion · Posos de anarquía

La sangre de las asesinadas nos salpica a todas y todos

Ni la visita de Sánchez a Cuba, ni la reprobación en el Senado de la ministra de Justicia, ni el milagro de los títulos académicos de Casado, ni las cloacas de Villarejo, ni la inyección de 1.459 millones de euros a Catalunya… nada, absolutamente nada de eso debiera ser más importante que el hecho de que dos niñas y dos mujeres fueron asesinadas ayer por hombres.

En apenas nueve horas, cuatro asesinadas por la sinrazón de los hombres… 40 en lo que va de año, 37 mujeres y tres menores. A todas luces fallamos, de abajo arriba y de arriba abajo. No estamos haciéndolo bien educando, porque seguimos poniendo el énfasis en la mujer en lugar de hacerlo en el hombre. Continuamos enseñando a nuestras mujeres a protegerse, a ser precavidas, a reprimir comportamientos que no tendrían por qué reprimir por si acaso… Poco o nada hacemos por inculcar en los niños que es intolerable maltratar a una mujer.

Fallamos más arriba, en la Justicia que, como ayer pudimos comprobar en los asesinatos de Castellón y Bilbao, volvió a hacer aguas. En ambos crímenes, las mujeres habían pedido ayuda a la Justicia y ésta les fue negada. De nada sirve ya hablar de trágico desenlace, de nada si no se corrige el rumbo de una vez por todas, si no se forma en violencia de género como es debido a fuerzas del orden y a judicatura.

Erramos a nivel político, con un Pacto de Estado contra la Violencia de Género demasiado tiempo abandonado, con un PP que ha hecho tanto por luchar contra la violencia machista como por la corrupción. Ha sido tras la moción de censura cuando la mitad de los 200 millones comprometidos en este Pacto han comenzado a activarse, porque la exministra popular Dolors Montserrat no movió un dedo. A ello se suma, además, necesidades imperiosas para proteger a l@s menores, para revisar -aunque sea temporalmente- la patria potestad de los agresores, pues en los últimos seis ya han matado a 27 niñ@s. El asesinato de ayer de Granada, también ha dejado a un menor sin madre, y la Justicia, una vez más, falló: obligó a la víctima a vivir en el mismo domicilio de su asesino hasta que el divorcio se consumara.

Y fallamos los medios, que tenemos que llevar a las primeras planas todos y cada uno de los asesinatos machistas, más aún cuando la Justicia yerra de manera tan estrepitosa, simplificando al asesino su atrocidad. ¿Qué hay realmente más importante que este terrorismo machista? No podemos caer en la cotidianeidad de estos sucesos que antaño llegamos a tratarlos como “crímenes románticos”. No podemos perder estas noticias entre pataletas políticas. ¿Por qué éstas, pese a ser mucho más rutinarias, no pierden el favor de la portada en los periódicos? ¿Por qué las mujeres asesinadas sí son relegadas a espacios mucho menos visibles? Démosles de una vez el lugar que realmente merecen para que así, quizás, llegue el día en que ya no sea necesario volver a informar de esta masacre.