Opinion · Posos de anarquía

Machistas recubiert@s de igualdad

Manifestación contra la violencia machista. – EFE

Ayer por la tarde fue detenida en Chiclana (Cádiz) una mujer, acusada de haber asesinado presuntamente a su marido, golpeándolo repetidas veces con un rodillo de amasar para, después, acuchillarlo. Hasta el momento, no se conocen muchos más datos.  La noticia ha servido para que hordas de machistas recubiertas de igualdad reprochen en redes sociales que no se dé al hecho el mismo tratamiento que cuando la víctima es una mujer.

La ley es clara: distingue entre violencia de género y violencia doméstica. Así debe ser, puesto que los hombres están asesinando a las mujeres, las están amenazando, golpeando y castigando psicológicamente por el mero hecho de ser mujeres, porque los hombres se sienten superiores, dominadores de su pareja.

Las agresiones o, incluso, los asesinatos de hombres a manos de mujeres, no sólo son muy inferiores estadísticamente hablando sino que, además, no tienen las mismas motivaciones que los encuadrados dentro de la violencia de género. Si acudimos a las últimas estadísticas del Consejo General del Poder Judicial, referidas a 2016, vemos cómo de las 48 sentencias dictadas ese año por homicidio/asesinato en el ámbito de la pareja, 38 suponían el asesinato de una mujer (70%) y 10 de un hombre (21%).

Cada vez que escucho argumentos como los que hoy se pueden leer en redes sociales, lamento el largo camino que nos queda por recorrer. Que la fundadora de VOX, Cristina Seguí, escriba “por ser mujer, no será juzgada en un juzgado especial de ideología de género”, y otras personas machistas la secunden con frases como “para las feministas esto no será violencia de género” o “Hola a que hora es la concentración por el crimen feminista de ayer?”, nos indica lo arriagada que está la ponzoña patriarcal.

Cualquier asesinato es condenable y ha de juzgarse convenientemente, ya sea de un hombre o de una mujer. Sin embargo, las estadísticas son incontestables y la indefensión que están sufriendo las mujeres, que como demuestran los últimos crímenes, ni siquieran gozan de los mínimos de protección aún cuando éstos son solicitados, hacen que sea imprescindible la distinción entre violencia de género y doméstica. Caer por ello en el error de intentar afear con términos acuñados como “ideología de género” o seguir identificando “feminismo” como el homónimo de “machismo” en el otro extremo es, sencillamente, una barbaridad.

Lo que sufren las mujeres es un auténtico femenicidio que, según está documentado, sólo este año alcanza ya las 76 víctimas. ¿Todavía es necesario explicar por qué se da un tratamiento distinto a las asesinadas y víctimas de la violencia machista? No nos doblegarán, porque por mucho que vengan disfradas de igualdad, todas esas personas no son más que unas machistas a las que hay que arrinconar: o cambian o no tienen cabida en una sociedad justa y honesta.