Opinion · Posos de anarquía

Receta republicana para la Fiesta Nacional

Para celebrar un día tan señalado, traemos hoy un plato fácil, fácil y para toda la familia: Monarquines caseros, una variante inspirada en el flamenquín cordobés que hará las delicias de vuestros comensales.

Lo primero que debemos saber es que por el tamaño de la materia prima, estos monarquines nos quedarán más largos de lo normal, por lo que tendremos que tener a mano una sarten grande para freírlos correctamente. La base de este sabroso plato son unos buenos filetes de rey, a ser posible lo más finos posible. Si fueran demasiado gruesos por la conocida ‘vida padre’, no tendremos más que colocar los filetes entre dos láminas de papel film y atizarles unos golpecillos con una maza. Este punto, probablemente, es uno de los más críticos del proceso, por lo que antes de acometerlo es recomendable haber aliviado tensiones y no haber leído la prensa, al menos, durante mes y medio.

Preparados los filetes, recortaremos los bordes hasta obtener un pedazo lo más uniforme posible. Comprobaremos cómo a este tipo de carne se le pegan todo tipo de alimentos, desde merluzos a membrillos, pasando por los cebollinos. Intentemos, pues, mantener el filete lo más limpio posible.

Una vez salpimentados convenientemente -no escatiméis en sal, porque esta carne es especialmente sosa-, extendemos una loncha de jamón de derecha y procedemos a enrollar el rulo. Por lo general, cuando los fríamos no debemos temer que se abra, porque de por sí es bastante cerrado.

Entretanto, habremos calentado la sartén con abundante aceite de oliva. Lo bueno del monarquín casero frente al flamenquín, es que ya viene empanado de serie, por lo que no será necesario preparar un rebozado.

En cuanto el flamenquín esté dorado -seguramente, no tardará mucho- sacadlo de la sartén para que no se quede demasiado seco y quede para emérito. Estará en su punto y listo para servir. Sin embargo, no debemos descuidar la guarnición. En líneas generales, no hay monarquín que se precie que no venga acompañado por unos cuantos chorizos y otros tantos papafritas.

Finalmente, para maridar este delicioso plato, podemos optar por un gran reserva de Ribera de Ibex, cosecha del 75, o un Pago de Monaguillo (joven), degustando sus sabores amplios de taninos aterciopelados. Adornar la mesa con un centro de rosa, siempre ligada al monarquín.

¡Buen provecho!