Opinion · Posos de anarquía

El Borbón impermeable ya está calado

Sus Majestades los Reyes durante el recorrido por las calles de Sant Llorenç

En pocos días hemos visto gestos públicos de la ciudadanía que han dejado en evidencia que hay una España que no quiere monarquía, que no acepta a Felipe VI como Jefe de Estado por el simple hecho de que se apellide Borbón. Una escoba o unos diplomas sirven para un mismo cometido: decir NO al Borbón.

Durante mucho tiempo, la Casa Real y el Borbón de turno (Juan Carlos I y Felipe VI) se han presentado como dos personajes impermeables al desprecio que much@s español@s sentimos por la monarquía; impermeables a las críticas de quienes vemos profundamente deshonesta su propia figura al no prestarse siquiera a escuchar la opinión de la ciudadanía sobre su continuidad. Eso ha cambiado: el Borbón ya está más que calado por la ciudadanía.

Tan grande está siendo el chaparrón que le cae al Borbón, que su impermeabilidad ha perdido efectividad. Por mucho tratamiento repelente que PP, PSOE y C’s le quieran aplicar, está calado. El rechazo de Felipe VI a coger una escoba en Mallorca para ayudar a las personas afectadas por las inundaciones porque “ahora no puedo” choca, por ejemplo, con aquellas otras de los príncipes William y Harry en 2014, con el agua hasta las rodillas, pasándose sacos de arena en las inundaciones de Datchet (Berkshire), en Reino Unido.

Más contundentes aún si cabe son el plantón y las declaraciones de Diego Fernández y Juan Martínez,  dos antiguos alumnos de la universidad de Oviedo con los mejores expedientes de su promoción. Su comunicado conjunto es una bofetada de realidad para el Borbón, asegurando que estos premios se han usado “todos los años para hacer un lavado de cara a una institución como la monarquía que cada vez representa a menos personas, sobre todo a las generaciones más jóvenes“.

En su misiva, los estudiantes aseguran que los “evidentes casos de corrupción, su relación con dictaduras y ventas de armas o el origen franquista de su implantación en nuestro país no hace sino negar su legitimidad”. Hoy hay muchas personas que sentimos más orgullo por estos dos estudiantes que por el monarca, que nos sentimos mucho más representados por ellos que por un tipo cuyo único mérito es apellidarse Borbón.

La coherencia y sensatez de Diego Fernández es abrumadora: La universidad pública nada tiene que ver con la empresa borbónica y monárquica que representan los reyes de España”El joven de 25 años se refiere al acto al que ha rechazado acudir como “una fiesta privada y hecha por y para las élites, por y para la oligarquía asturiana y española”. Y no le falta razón.

Ante esta realidad, si algo de decencia resta, Felipe VI debería poner su cargo a disposición de la ciudadanía a través de un referéndum –firma solicitándolo aquí– que, o bien le aporte la legitimidad de la que ahora carece o lo largue del Palacio de la Zarzuela. De no hacerlo así, ya no es sólo que siga cada vez más calado porque la impermeabilidad ya no es efectiva, sino que llegará una tromba que lo borre del mapa político.