Opinion · Posos de anarquía

El marketing de la pederastia

Si algo ha demostrado el Papa Francisco en los algo más de cinco años que lleva de pontificado es que parece salido de una escuela de negocios más que de un seminario. Es puro marketing pero, realmente, ¿qué reforma de calado ha llevado en una Iglesia católica carcomida por la corrupción y la depravación? Ahora, la Conferencia Episcopal Española (CEE) toma el relevo con una comisión contra la pederastia tan hueca como la moral de quienes la componen.

Es un hecho: como ha sucedido en el resto del mundo, la Iglesia católica ha mirado para otro lado durante décadas antes graves casos de pederastia. En este saco de ‘Iglesia’, no sólo metemos a la institución, sino también a sus feligres@s. A pesar de ello, personajes como el arzobispo de Toledo aseguran que “la pederastia es un asunto de todos”… sí, lo es, pero no tenemos la misma responsabilidad quienes hemos de denunciar al detectar casos y quienes los cometen…  y ahí la Iglesia católica tiene mucho que decir y más que hacer.

Cada vez más acorralada por la ingente cantidad de casos de abusos a menores a manos de curas, la Conferencia Episcopal se saca de la manga esa comisión antipederastia que no es más que un reflejo del verdadero interés que tiene en el asunto. Esta comisión es una operación de marketing chapucera, en la que su responsable es un sacerdote que ya ha protegido a pederastas en su seno; no es el único, puesto que sobre otro componente también pesan denuncias de haber echado por tierra sobre otro caso de pederastia. Importan tan poco este asunto a la CEE que ni siquiera han tenido el cuidado de incluir en la comisión a alguna de las muchísimas víctimas existentes en nuestro país.

Los curas pederastas no son mejores que La Manada… y quienes los disculpan o imponen castigos tan laxos como un retiro a un monasterio y no poder dar misas durante una década, tampoco. Esos criminales con sotana parecen justificar su horror del mismo modo que lo hace el violador: igual que éste deposita el peso de su acción en la acción de la mujer por vestir provocativamente, el cura pederasta lo hace en la bisoñez cándida del menor. Algo tan vomitivo que nunca debiera prescribir y que, por parte de la Iglesia, debería implicar su excomunión y no una palmadita en la espalda y un cambio de aires.