Opinion · Posos de anarquía

Aznar y su nuevo espaldarazo a Ciudadanos

Un día después de alabar al líder de Vox, calificándolo de “chico lleno de cualidades”, Aznar vuelve a la carga. Esta tarde presenta en Madrid su último libro, en cuya cubierta destaca su nombre por encima del título –El futuro es hoy-. Esto da ya una idea del la nula humildad del tipo que, sabedor de la masa aborregada que le sigue, continúa llenando y vendiendo libros donde es más importante su apellido que las reflexiones en su interior.

He tenido oportunidad de leer algunos extractos del libro y a buen seguro que una parte del electorado del PP verá en él una deslealtad más de Aznar para con el Partido Popular. Las reflexiones del que nombrara a dedo a Rajoy -cuestiona ahora ese procedimiento y carga contra la gestión política del gallego-, suponen un espaldarazo para Ciudadanos.

Del partido de Albert Rivera dice que, aunque nació con vocación de partido bisagra, tras las elecciones del 21 de diciembre de 2017 en Catalunya, “Ciudadanos deja de ser un proyecto de partido bisagra y se convierte en un serio aspirante a partido de Gobierno con posibilidades de ocupar el espacio político del Partido Popular”. En su opinión, la formación naranja “tiene un recorrido grande”.

A pesar de tener a Pablo Casado como fiel escudero, Aznar considera que el PP, después de perder el Gobierno y entrar en un proceso de renovación de su liderazgo, tendrá que hacer frente a una verdadera prueba de supervivencia. Del que todavía es su partido indica que “no va a desaparecer, pero corre el riesgo de responder a una posible crisis electoral buscando refugio en sus territorios tradicionales más seguros, lo que equivaldría, de hecho, a una fragmentación del partido”. Baraja la posibilidad de lo que llama “la centrifugación de la derecha”.

En lo que ese refiere a corrupción, Aznar mantiene ese discurso falaz, cortina de humo con la que trata de ocultar lo podrido que se encuentra el PP. Desde su punto de vista, “la corrupción es un fenómeno global, así como una lacra vinculada al poder desde los orígenes de la historia de la política”.

Con una visión nauseabundamente paternalista, justifica la percepción negativa que tenemos de la corrupción en el hecho de que “los españoles tendemos a tener una visión hipercrítica, cuando no autodestructiva, de nosotros mismos y de nuestra historia”. Y se queda tan ancho.

A pesar de admitir el establecimiento de redes clientelares -siempre sin hablar del máximo exponente judicializado en este asunto, esto es, el PP-, Aznar niega “un poder mafioso que haya llegado a condicionar al Estado en sus funciones esenciales” y considera que el Poder Judicial  ha “respondido a los casos de corrupción con actuaciones nada benévolas”. Parecen así olvidársele la lentitud de la justicia, la laxa condena de Urdangarín y la inocencia de la infanta, etc.

Aznar no centra su análisis en España, sino en la política internacional y comparte su visión de aspectos concretos, como el empleo. En este punto, critica a empresas como Amazon, no por la precariedad laboral reiteradamente denunciada por los sindicatos y trabajador@s o el impacto que tiene en los negocios minoristas incapaces de tirar precios, sino por su posición de monopolio y su elusión de pago de impuestos -algo que siempe ha favorecido la derecha con la perpetuación de paraísos fiscales-.

En este nuevo escenario de economía digital y la mal llamada colaborativa, Aznar tiene claro que “es una oportunidad, no un desastre”, y viene a afirmar que la pérdida de empleo estable compensa porque “el trabajo en la línea de montaje no es, en general, enriquecedor ni satisfactorio para un ser humano”. En una visión propia de quien no ha dado golpe en su vida, sacando tajada exclusivamente de la política, se permite el lujo de asegurar que “la humanidad pueda cubrir sus necesidades materiales sin reclutar a millones de personas en empleos de trabajo repetitivo es un motivo de celebración”… como si ser repartidor precario de Deliveroo o Glovo no fuera reiterativo y supusiera una oportunidad… sí que lo es, para quien explota nada más.

El error de Irak

En el contexto global y en otra muestra de desfachatez, califica el orden mundial que estableció Bush como uno “basado en la consulta, la cooperación y la acción colectiva”… e indica que el error de la guera de Irak -a la que vuelve a llamar “guerra preventiva”– no fue habérsela inventado masacrando a población civil, sino otro bien distinto: “nuestro principal error no fue querer derrocar a Sadam Huseín, sino suponer que su derrocamiento produciría automáticamente un cambio de Gobierno hacia la democracia liberal y, en consecuencia, una transformación de Oriente Medio”. Los criminales de guerra tienen estas cosas, ni siquiera años después admiten su masacre.

El bienestar global para Aznar depende de factores como “el liderazgo estadounidense, una Europa más fuerte y una visión común”. Sorprende su encendida crítica al socialismo y que incluya a Uruguay y Chile dentro de los países que “transitan por la senda adecuada”, a pesar de que buena parte de lo que hoy son esas democracias tiene la impronta socialista de Mujica y Bachelet.

En suma, el nuevo libro de Aznar rebosa reflexiones huecas y manipulaciones de la realidad a gusto del consumidor. Nada sorprende en este tomo, que es fiel reflejo de cualquier intervención de, sin duda, uno de los peores presidentes que ha padecido España, autor de buena parte de los problemas que hoy sumen a más de un tercio del país en la miseria. De eso, como de críticas a Israel y el lobby judío que en gran medida le reportan más de 225.000 euros como consejero de Murdoch, no dice ni mu, claro.