Opinion · Posos de anarquía

Juan Marín, (Ciudadanos): Salir a perder

Tiene que ser duro presentarse a unas elecciones sabedor de que se perderá… y aún más reconocerlo en público, en un debate seguido en toda España. Eso es, precisamente, lo que hizo anoche el candidato de Ciudadanos en Andalucía, Juan Marín, que ve cómo un pacto con el PP es lo único que, quizás, pueda llevarlo al Palacio de San Telmo.

Por mucho que Inés Arrimadas se vuelque con la campaña electoral -y con su querido en Jérez, donde la formación naranja está a cuadros tras la dimisión en bloque de la junta directiva en plena precampaña-, Ciudadanos no ganará las elecciones en Andalucía. Con ese peso sobre sus espaldas, a Marín no le queda más que cortejar a Juanma Moreno (PP) por un lado y, por otro, lanzar a su electorado el mensaje “votadme para que pueda gobernar con el PP”. Frustrante.

En lo que al PP se refiere, sólo le queda ganar, pero es muy probable que se quede en el vagón del cola, por detrás de sus tres principales rivales. La historia del PP en Andalucía es la historia de un fracaso continuado en el que Javier Arenas y su aspecto imborrable de señorito andaluz tiene mucho que ver. Gobernar con Cs es una opción que no debería estar encima de la mesa: en primer lugar, porque Moreno no se ve de segundón en un Gobierno liderado por su marca blanca; en segundo lugar, porque de boca de una lista interminable de portavoces del PP hemos oído que ha de gobernar quien gane las elecciones y no “pactos de perdedores”… y los populares están a años luz de imponerse el próximo 2 de diciembre.

A pesar de esta última máxima, la posibilidad de un pacto PP-Cs para gobernar podría cobrar forma si los de Moreno consiguen superar a los de Marín. A pesar de la derrota en términos generales, Moreno viviría ese resultado como una victoria y entonces, sí, cabría plantearse el pacto de perdedores, tragándose su máxima del partido más votado. Y es que a los populares no les cuesta desdecirse con tal de tocar el poder… Ya lo dijo Elías Bendodo, el presidente del PP de Málaga -la ‘provincia plato fuerte’ de estas autonómicas- cuando dio la bendición a su segundo de abordo en la Diputación, Francisco Salado, para poder gobernar Rincón de la Victoria. Con un “la política es el arte de hacer todo posible” aplaudió que Salado se aliara con su rival José Mª Gómez Muñoz (PA) y le concediera las áreas municipales que más empleo generan (empresa mixta de limpieza, parques y jardines…), a pesar de haberle acusado en repetidas ocasiones de comprar votos prometiendo trabajo.

En la izquierda sólo estaba Teresa Rodríguez (Adelante Andalucía), porque por mucho que Susana Díaz (PSOE) lance la premisa de redistribuir la riqueza, el reproche de que la Junta de Andalucía gasta más en publicidad que en complementar las pensiones no contributivas se le atragantó a la socialista. Díaz está encallada en su discurso de que será bloqueada, pero no analiza el fondo de la cuestión: ¿por qué nadie quiere pactar con ella o dejar que gobierne? Porque cuatro décadas de PSOE en Andalucía no han conseguido sacarla del vagón de cola de España, a pesar del extraordinario potencial de esta región; porque su liderazgo depredador, colmado de soberbia y prepotencia, transmite más amor por el poder que por su tierra y sus gentes.

Algo que no sucede con Rodríguez y su socio y amigo en Adelante Andalucía, Antonio Maíllo, cuyas sonrisas, cuyo discurso evidencia cuánto les duele Andalucía. A la primera, como víctima de la precariedad que se vive en esta Comunidad Autónoma, al segundo, como el eterno luchador de una Izquierda Unida (IU) que vivió tiempos mejores por estos lares y en donde la sombra de Anguita sigue siendo alargada.

Ambos profesores -vivir en primera persona el abandono de la Educación por parte de la Junta marca a fuego-, están decididos a hacer historia, a obtener el mejor resultado pero, de no aventajar al PSOE, ¿qué harán? Dejar el ascenso de a derecha es duro, cierto, pero ¿no lo es más aliarse con alguien como Díaz, que ya les demostró que no es de fiar es su anterior alianza? De no ganar, Adelante Andalucía, quizás, debería continuar su pedagogía desde una oposición implacable, esa que aún sin cambiar, lo cambia todo, porque no dar la vuelta a medidas en el Parlamento no quiere decir que no se dé en la ciudadanía. Al final, eso es lo que cuenta, si ésta lo recuerda la próxima vez que vote.