Opinión · Posos de anarquía

Balones a Pepu

El dedazo de Pedro Sánchez con la elección de Pepu Hernández para las municipales de Madrid no ha sido una buena idea. Y el dedazo no es cosa de uno, sino de dos: del que señala y del que se deja señalar. Mal comienzo para un PSOE madrileño (PSM), que lleva siendo un nido de víboras desde tiempos de Tierno Galván.

Con el horizonte de tiempos oscuros que se vislumbra, no sorprende que haya personas que cargadas de buenas intenciones quieran dar un paso al frente para combatir la sinrazón que llega por la derecha. En ese sentido, es una actitud que les honra, porque tomar una decisión así no resulta sencillo. Saltar a la arena política cuando no se pertenece a ella, cuando tampoco resulta un medio esencial de subsistencia porque hay otras alternativas y no se viene mamando desde las ‘juventudes’ del partido, es para pensárselo dos veces.

Hernández ha dado ese paso al frente -quizás con algún empujoncito- y lo ha hecho, seguramente, con rabia, con indignación por lo que se avecina en mayo, por sentir la imperiosa necesidad de pararlo… lo que tampoco dice mucho de en qué estima tiene al actual equipo del PSM. Y lo digo así de tajante porque el entrenador de baloncesto no se ha limitado a arrimar el hombro incorporándose a las listas, sino que quiere liderar; algo que, por un lado, también le honra, dado que no todo el mundo tiene la aptitud para ello (ni la actitud), pero que también delata el descontento con lo que hay.

En ese sentido, el dedazo de Sánchez, ese “balones a Pepu” como si nos encontráramos en el tiempo muerto previo a los últimos segundos del partido, no hace más que enrarecer el ambiente en el PSM. Se requiere de unas primarias por principios y por estética. Lo primero, porque es el modo más democrático de hacerlo y, lo segundo, porque de no hacerlo así, la derecha tendrá un argumento más para entonar su “todos somos iguales”.

Por este motivo, me sorprende que Hernández haya aceptado el dedazo con tanta soltura. Asumiendo que no pertenece a la cantera del partido y que se trata de un fichaje estrella, Hernández ha de ganarse el respeto político de sus compañer@s y de la afición (electorado) con humildad, no como galáctico.