Opinion · Posos de anarquía

El cariño católico por Franco

El embajador del Vaticano Renzo Fratini en España se jubila y lo hace con torpeza, rompiendo su neutralidad diplomática y dando muestras, una vez más, de cómo a la Iglesia católica no le incomoda arropar a dictadores siempre que le den su tajada.

El nuncio postólico deja su cargo tras 10 años en él con la osada estupidez de decir que los intentos de exhumación de Franco lo han resucitado. En una entrevista concedida a Europa Press, Fratini explica que, a su modo de ver «dejarlo en paz era mejor» porque «ha hecho lo que ha hecho, Dios juzgará. No ayuda a vivir mejor recordar algo que ha provocado una Guerra Civil». Eso es lo que quisiera, que tuviéramos que esperar a ese dios en el que tant@s no creemos para mientras, hacer y deshacer a su antojo, como hace medio siglo.

Es vergonzoso que el representante del Papa en España lamente que detrás de la decisión del Gobierno haya «motivos, sobre todo políticos» e «ideológicos». Por supuesto que los hay, porque la política sirve para eso, para tomar decisiones que impacten en la vida de las personas y, en este caso, a preservar la dignidad de quienes hemos sido pisoteados por l@s hereder@s de una dictadura, más infiltrad@s de lo que creemos en nuestra sociedad, en esa élite que mueve demasiados hilos.

No se trata, como dice Fratini alineándose una vez más con la extrema-derecha, de «dividir a España», sino de hacerla más demócratica, más justa. Con sus declaraciones, hay quien podría decir que evidencia su desconocimiento de la Historia, pero no es así. El hecho de que indique que «a Franco algunos lo llaman dictador, algunos dicen que ha liberado a España de una Guerra Civil, que ha solucionado un problema», sin apostillar que él provocó dicha Guerra Civil con un golpe de Estado, no se debe a un problema de desconocimiento, sino de posicionamiento; el mismo que tuvio siempre la Iglesia católica durante la dictadura, que ha tenido en democracia.

Vivimos tiempos en los que personas como Otegi, comprometido ahora con la construcción de la paz, continúan llamándole «terrorista» a pesar de haber pagado su deuda con la sociedad. Mientras, a personajes que apoyaron y alabaron públicamente al dictador asesino, como Juan Carlos I y la misma Iglesia católica y que no han pagado ninguna deuda por ello, hay que exaltarlos. ¡Qué tremenda contradicción!