Opinion · Posos de anarquía

Los complejos fascistas de Salvini

Matteo Salvini es un puñado de complejos revestidos de soberbia; un personaje pusilánime, que se cree el rey en el tablero de ajedrez italiano cuando, en realidad, no es más un alfil. A pesar de que es ministro del Interior continúa soñando que es primer ministro -lo es Giuseppe Conte- y actúa de forma desleal, no sólo con su Gobierno, sino con el pueblo italiano que ve cómo su dirigente no respeta las decisiones judiciales.

Ha sucedido a lo largo de la historia: Desde Napoleón a Hitler o Franco, todos ellos tarados mezquinos que bajo su apariencia de liderazgo ocultaban sus complejos, el acervo de inseguridad que les consumía por dentro y que únicamente eran capaces de mitigar asesinando. Salvini es igual. Un fascista de nuevo cuño que para construir su figura de molde hueco precisa la sangre de miles de personas inocentes.

La negativa, en contra de lo dictado por los propios tribunales italianos, de conceder el desembarco del Open Arms para salvar la vida de 138 personas es un acto homicida. Hay quienes hablan de tortura, yo de asesinato. Cada muerte que produzcan este tipo de acciones impulsadas por Salvini deberían considerarse como homicidios y por ellos habría de ser juzgado este fascista. Sólo en 15 días, han sido precisas cinco evacuaciones urgentes.

Sorprende que a pesar de las duras críticas de Conte o, incluso, de los ministr@s de Transporte, Danilo Toninelli, y de Defensa, Elisabetta Trenta (ambos del Movimiento Cinco Estrellas), a pesar de que esté incumpliendo hasta dos sentencias de diferentes tribunales, Salvini siga escupiendo sus peroratas racistas y xenófobas para ocultar su necedad. Aunque supusiera una grave crisis de Gobierno, la situación exige la destitución de Salvini y, siendo realmente consecuentes, su puesta en custodia por violación de los Derechos Humanos.

Ver aquí a Vox (otro partido liderado por un acomplejado de tomo y lomo) aplaudir a Salvini nos reafirma a la hora de calificar a la formación de Santiago Abascal de extremaderecha. La Liga Norte de Salvini y el Vox de Abascal son clones, meros instrumentos de esa oleada neofascista que recorre el mundo entero y que en Europa está en pleno apogeo. Negar el auxilio a las miles de personas que huyen de la miseria, del hambre o de las guerras que Europa, entre otros, ha generado en sus países de origen convierte a quien lo hace en un asesino de la peor calaña, que disfruta, cómodamente sentado, en su butaca procurando una muerte agónica a su víctima.