Opinion · Posos de anarquía

La derecha histérica

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en una rueda de prensa. / EFE

La derecha y la extrema-derecha, cada vez más fundidas pese a representarse con diferentes siglas (PP, Cs y Vox), vuelven a fracasar en su intento por transmitir la idea de la amenaza de la extrema-izquierda. El objetivo, bien lo saben ellos, es ocultar lo que tratan de hacer estos sectores ultraconservadores, que no es otra cosa que resucitar un fascismo que no levanta un palmo del suelo.

El PP continúa su campaña del miedo, avalado por Ciudadanos, sugiriendo que nos encontramos al borde de que la izquierda queme parroquías por los barrios. No hay ni un solo indicio que sustente tal estúpida teoría y, en cambio, lo que sí es un hecho irrefutable es que el alcalde popular de Madrid José Luis Martínez-Almeida, ya saben, aquel que invertiría antes en Notre Dame que en reforestar el Amazonas, manda al carajo a una manifestación por la vivienda digna en favor de una procesión.

Lo que es otra realidad es que ayer mismo en Valencia los neonazis de España 2000 reventaban la proyección de la última película de Alejandro Amenábar, ‘Mientras dure la guerra’, al grito de «¡Viva España!» y sus asquerosas pancartas. Nada les pasará a esos cabezas huecas, mientras que quienes protestan pacíficamente contra la pederastia y el machismo de la Iglesia Católica con un original Coño Insumiso están siendo juzgadas, cercenando su derecho a la libertad de expresión.

Lo que sí son hechos y no diarreas mentales como las de quienes ocupan puestos de relevancia en PP, Cs y Vox es que esta derecha rancia carga contra las mujeres, propicia una caldo de cultivo de agresiones xenófobas y contra la diversidad sexual y da alas a militares de alto rango y baja estofa que defienden el franquismo (por lo que debería ser cesado fulminantemente, retirándole con deshonor su condición militar). Esa derecha mezquina que al tiempo que se vanagloria de aquella época oscura, quieren borrar las pruebas de sus crímenes, torturas y demás violanciones de Derechos Humanos, como las sufridas por Miguel Hernández y que la Agencia Española de Protección de Datos ha impedido que sean borradas.

Con todos estos mimbres y si habláramos con la ligereza de personajes del PP, Cs o Vox diríamos que estamos más cerca de que estas derechas comiencen a darnos el paseo, tirándonos en cunetas, que de que la izquierda queme parroquias. No les daremos ese gusto, porque lo que realmente buscan es el enfrentamiento, el cuerpo a cuerpo, el barro. El deleznable Millán-Astray reprocha a Unamuno en la película de Amenábar que la intelectualidad nunca se mancha las manos, que defienden sus valores desde el despacho mientras gente como él se deja la piel en el frente. Ese es el mismo discurso velado de la nueva derecha española, que no es tan nueva, que en realidad entremezcla a sus actuales José Mª Pemán con los Millán-Astray y, como apuntó Unamuno, no convencen. Quizás por eso está tan histérica.