Opinion · Posos de anarquía

Lecturas interesadas de Portugal

António Costa, en Lisboa. REUTERS/Pedro Nunes

El Partido Socialista (PS) ha ganado las elecciones en Portugal con cerca del 37% de los votos. No tiene mayoría absoluta. A sus homólogos españoles les ha faltado tiempo para hacer una lectura interesada de estos resultados, dirigiéndose hacia Unidas Podemos (UP) con esa mirada de reproche que parece echar en cara «¿Veis cómo un apoyo sin entrar en gobierno funciona y se premia?».

Lo que no destacan esas lecturas, en cambio, es que los portugueses han vuelto a dejar claro que no quieren dejar a solas al PS; nada de cheques en blanco que le faciliten un rodillo para aplastar a opositores. Aunque es cierto que ha subido en representación, António Costa precisará de apoyos para gobernar. Y ahí radica el quid de la lectura interesada del PSOE, que no acierta -o no quiere acertar- a ver que la recompensa por la pasada legislatura en Portugal es compartida, que no fue mérito único del PS, sino fruto de lo negociado con el Bloco de Esquerda y la coalición de comunistas y ecologistas (CDU).

La llamada ‘geringonça’ ha mejorado la vida en Portugal, pero con evidentes claroscuros, como mi colega Paula Fernández detallaba en un reciente artículo. De hecho, más de un 53% de la población portuguesa cree que la crisis no se ha superado… y estamos a la puerta de una que, según los analistas, será todavía peor. Esa sensanción nos suena mucho por estos lares, cuando las cifras macroeconómicas brillan pero a pie de calle la miseria campa a sus anchas. Con todo, la ‘geringonça’ se sacudió de encima el austericidio europeo.

Por otro lado, es importante destacar el elevado nivel de abstención registrado en Portugal, que rondó el 45%. Una cifra en la que podemos movernos en España el próximo 10-N, porque la decepción del pueblo con su clase política es tremebundo. Y en nuestro país, también. Y no es para menos, con un PSOE prepotente y confiado, una UP que se quiere demasiado a sí mismo, un PP veterano con errores de novato, un Ciudadanos que pedirá un debate de Albert Rivera con Albert Rivera para ver si saca algo en claro y un Vox que, a falta de programa, intenta reescribir la historia dibujando a los fascistas como víctimas.

Si el próximo 10-N hace buen tiempo, la culpa de la abstención será del sol; si hace malo, será por la lluvia o el frío. La clase política se resistirá a asumir su culpa, su responsabilidad de que la mayoría absoluta será quienes mandarían al carajo a la mayor parte del hemiciclo… y, a estas alturas, con coalición o sin coalición.