Opinion · Posos de anarquía

Contaminar es más cómodo

Una furgoneta entra dentro del perímetro de Madrid Central./EFE

Hoy arranca la Cumbre del Clima (COP 25) y se respira en el ambiente cierto pesimismo. La pregunta generalizada a pie de calle es «¿sirven para algo estas cumbres?». Y la respuesta debería una: «el cambio empieza por ti».

Siempre que se celebran este tipo de encuentros internacionales, surgen dos discursos especialmente dañinos para abordar esta emergencia ecologista. El primero de ellos es el que se centra en que las cumbres no sirven para nada, que son meras declaraciones de intenciones. Tal y afirmación es un error. Aunque es verdad que se ha avanzado mucho menos de lo que se requiere, de no haber sido por los acuerdos a los que se ha llegado en estos encuentros internacionales, la situación de emergencia climática y medio ambiental sería aún peor si cabe. No se puede negar esa realidad.

El segundo de los discursos falaces que restan fuerza al mensaje conservacionista es el que sostiene que no se pueden exigir responsabilidades a las personas individuales por algo que es cometido de los Estados. De nuevo, tal afirmación es un error. Claro que se puede y se debe, puesto que las diferentes Administraciones reorientan sus medidas, en gran medida, en función del peso de la opinión pública que, a fin de cuentas, representa votos.

La ciudadanía no puede ni debe mirar hacia otro lado y un elevado porcentaje de la ciudadanía lo está haciendo. ¿Por qué? Porque contaminar es más cómodo. No podemos hacer caer todo el peso de la responsabilidad en los legisladores y que, cuando aparece un/a gobernante con coraje, como sucedió en Madrid con Manuela Carmena, nos volvamos en su contra. Hacerlo, sencillamente, es ir en nuestra propia contra.

Poner en marcha un ambicioso proyecto como Madrid Central fue un acto de valentía. Carmena sacrificó los efectos negativos que podría tener posteriormente en las urnas porque, con sus luces y sus sombras, si  se caracterizó por algo su gestión fue por estar orientada hacia lo que ella consideraba el bienestar de la ciudadanía, sin realizar ninguna proyección electoral.

¿Tiene sentido que las mismas personas que reclaman más medidas ecologistas de los gobiernos protesten cuando se les prohíbe conducir hasta el centro histórico de la capital? No, no tiene sentido. Sin embargo, se hizo; es más cómodo conducir y aparcar en la misma puerta del trabajo o del cine que viajar en transporte público. Al carajo con el aumento de enfermedades y muertes asociadas al incremento de la contaminación.

De esa grave irresponsabilidad se aprovecha la derecha, que siempre ha puesto los votos y el negocio por delante del medio ambiente. Lo vemos en Almeida y su cohorte neoliberal, que salvaría antes Notre Dame que la Amazonia. Lo vemos en unos resultados electorales en el que medidas como Madrid Central seguramente tuvieron un peso significativo.

Efectivamente, la ciudadanía necesita exigir a sus gobernantes más mano dura con las empresas que desarrollan estrategias sostenibles, pero también es preciso realizar un ejercicio de autocrítica y reducir el consumismo desmedido al que nos hemos sometido. Estadísticas tan aterradoras de compras como las que se manejan en el reciente Black Friday, hoy Cyber Monday o las inminentes Navidades han de encender nuestras alarmas. Frenar ese consumismo, cuyos efectos en el medio ambiente son muy negativos, no es tarea de los Estados, sino de los individuos. Así pues, no caigamos en el error de seguir tirando balones fuera, de sacudirnos nuestra culpa y responsabilidad en los gobernantes porque, como se ha comprobado en el caso de Madrid, incluso en esos casos, la fuerza viene de abajo a arriba.