Opinion · Posos de anarquía

Casado vende nuestras almas

La derecha unida en Colón / Ricardo Rubio (Europa Press)

Hoy se constituyen las Cortes Generales con la incógnita de qué partidos estarán en la Mesa del Congreso, que pasa por ser el órgano de gobierno de la Cámara Baja. Dicho de otro modo, si está dominada por la oposición, puede llegar a paralizar la actividad del Congreso. Mientras las formaciones más progresistas reclaman un veto a Vox, Pablo Casado (PP) le extiende la alfombra roja, aunque haciéndole tragar el sapo de Cs.

Santiago Abascal considera un escándalo que Vox, siendo la tercera fuerza política en el Congreso, se quede fuera de la Mesa del Congreso. No concibe un cordón sanitario al partido de extrema-derecha, pese a que él mismo parece querer hacerlo con Cs. De nuevo, Abascal revela su desconocimiento o, sencillamente, su postura contra la democracia, porque según establece el reglamento, la determinación de qué fuerzas políticas componen esta Mesa no viene dada por el número de escaños que tienen.

Abascal se debate entre dos opciones: a estas alturas no sabe si a Vox le conviene estar en la Mesa para seguir haciendo ruido paralizando en nombre del Cid todas las medidas que pueda o, por el contrario, que sea vetada para, de ese modo, volver a erigirse mártir y adoptar ese papel victimista con Smith & Wesson. Lo de Casado es peor. A diferencia de sus homólogos en otros países europeos, el líder del PP continúa dando alas a Vox, contribuyendo decisivamente a que la extrema-derecha que vulnera libertades civiles tengna un papel relavante en las instituciones.

Mientras Casado reivindica querer liderar el centro y la derecha, no repara en cuánto daño está haciendo al país con su sueño de volver a reagrupar a la ultraderecha bajo el paraguas del PP… o sí cae en la cuenta, pero como tantas veces ha demostrado el PP, todo vale para alcanzar o mantener el poder. Los de Génova han vendido tantas veces el alma al diablo con tal de gobernar que uno ya se pregunta qué almas son realmente las que están vendiendo. Y sí, tienen razón, todas y todos tenemos motivos para preocuparnos, porque son las nuestras, aunque como la Iglesia con sus inmatriculaciones, no sean sus titulares legítimos.