Posos de anarquía

Cayetana, antidemócrata desde la cuna

La portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, tras una reunión de la Junta de Portavoces / EFE

Cayetana Álvarez de Toledo no sorprende, es lo que es. Cuando ayer declaraba en Onda Cero que "la Sexta hace negocio con la erosión de la democracia" hace lo que le es propio como la antidemócrata de cuna que es. La Marquesa de Casa Fuerte nació en el seno de una familia aristócrata, con todo lo que esa condición de superioridad lleva aparejada. De ahí, seguramente, procede su rancia altanería, que con el paso de los años ha potenciado frecuentando círculos, como FAES, que la han convertido en una peona más para su causa.

"Los medios tienen una responsabilidad inmensa en este país", dijo ayer durante su entrevista con Carlos Alsina. Bien lo sabe ella, que conserva acciones en Libertad Digital de Federico Jiménez Losantos, el medio y el periodista que el año pasado fueron condenados a pagar 3.000 euros por "intromisión ilegítima y lesión en el derecho al honor" a Irene Montero y que, un año antes, también tuvo condena de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) de 17.000 euros por considerar que Losantos incitó al odio a las personas alemanas cuando sus autoridades dejaron en libertad a Puigdemont.

Para la marquesa, el ideal de medio democrático debe de ser ese del que es accionista, que dirige un tipo que le apadrinó en su etapa periodística y que sirve de 'cazatalentos' para el PP, como evidencia el fichaje de Pablo Montesinos, directo de Libertad Digital a diputado y vicesecretario de Comunicación del PP. El medio, al que según la setencia de Gürtel, el PP financió con más de 400.000 euros de dinero negro, tirando de la caja B del partido.

Con este panorama, Álvarez de Toledo se disfraza de demócrata y con su nariz elevada 45 grados hace "un llamamiento a la movilización de los demócratas para que no pierdan la esperanza ni su capacidad de denuncia". ¿Quién va a creer a una aristócrata que milita en un partido con estos antecedentes? La que solicitara la nacionalidad española a los 34 años porque era condición indispensable para ser diputada, camina vanidosa, ebria de un abolengo pretérito y caspos, ganándose a pulso cada vez más personas detractoras, incluso, en las filas de su propio partido.

Ella, mientras, se cree por encima del bien y el mal con sus 400.000 euros en el banco, sus pisos en España, Francia y Argentina, ajena a que, como peona que es, será la primera ficha prescindible cuando llegue el caso. Siempre le quedará Libertad Digital.