Posos de anarquía

Generadores de odio

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y el líder de Vox, Santiago Abascal. - EFE

Lo han intentado con mentiras, con paparruchas en los medios de comunicación que, incluso demostrada su falta de veracidad, ni siquiera se han molestado en rectificar. No consiguieron nada. Ahora recurren al odio, al insulto, a la provocación... así actúan las derechas y su hinchada mientras la izquierda no baja al barro: responde con hechos, trabajo y solidaridad.

PP y Vox prestan más atención a las encuestas electorales que a los informes sanitarios. Han tirado la toalla con la política nacional, con el noble propósito para el que fueron elegidas como segunda y tercera fuerzas políticas y llevan al Congreso la crispación, los agravios y ofensas con las que envuelven su falta de propuestas.

Piden unidad dividiendo, gritan libertad saliendo a tomar el aperitivo y vuelven a repartir carnés de patriotas mientras avanzan pasando por encima de los colectivos más vulnerables. Ni PP ni Vox han movilizado a sus fieles para prestar ayuda a quien más lo necesitan; prima en ellos el egoísmo, el cortoplacismo, la avaricia.

Las derechas nos han abofeteado mil veces en lo que va de crisis, tanto al Gobierno como a quienes entendemos que el camino hacia la salida de esta pandemia no es poner palos en las ruedas del Ejecutivo, sino trabajar codo con codo corrigiendo sus errores. Precisamente, la quintaesencia del Congreso es esa, pero en lugar de hacer política –que nada tiene que ver con el partidismo- PP y Vox llevan su sinrazón y su provocación a la Cámara Baja.

Pese a esas mil bofetadas, la izquierda no ha respondido como las derechas esperaban. Mientras ellas aguardaban elevar la temperatura nacional, las únicas que se están llevando un calentón son las personas abanderadas con sus cacerolas en la mano. La izquierda no insulta, no se vuelve agresiva porque, sin olvidar que muchas de las personas que participan en esas manifestaciones están promoviendo nuevos contagios, la estampa de ricachones y ricachonas gritando "libertad" no puede ser más cómica.

El Gobierno ha sabido no caer ni en la provocación ni en esa rueda de odio que las derechas han fomentado. Conoce muy bien el juego, porque es el mismo que desplegaron las derechas en Catalunya. Ahora bien, el Ejecutivo ha de seguir escuchando a los grupos parlamentarios minoritarios, que son quienes mayores dosis se sensatez están aportando; ha de corregir sus elevadas dosis de unilateralidad mientras habla de cogobernanza. Si hace eso, si continúa primando la salud a la economía en cooperación con el resto de fuerzas que están dispuestas a trabajar realmente por el bien común –que no es lo que hacen PP y Vox-, todo lo demás vendrá rodado... habrá que soportar más pataletas y caceroladas de las derechas, que se ahogan en bilis sólo con pensar que aún les restan más de dos años y medio de un gobierno de coalición con potencial para revertir la injusticia social en la que nos sumieron.