Posos de anarquía

Cerrar filas sobre la mentira

El ministerio Marlaska durante una rueda de prensa. EFE/ Ballesteros

Desde que arrancó esta pandemia, el gobierno de Pedro Sánchez está tropezando en la misma piedra una y otra vez: la comunicación. Asumido que en una pandemia de esta magnitud se puede caer en errores, todos los cometidos en materia de comunicación no son disculpables. El caso Marlaska es uno de ellos: los sucesivos cambios de versión no contribuyen a generar confianza; el cierre de filas del PSOE en torno al titular de Interior, con un recibimiento entre aplausos en el Senado, directamente, la dinamita. Con todo, las derechas yerran el tiro una vez más... aunque a sus hinchadas les da igual, con tal de que haya tiro.

El cargo que ostentaba el coronel Diego Pérez de los Cobos era lo que definimos como cargo de confianza o cargo a dedo cuando hablamos de civiles. Quiere esto decir que quien lo asume es consciente de que se trata de un puesto de quita y pon, sujeto no tanto al desempeño de su labor como al arbitrio de quien nombra. Si en lugar de tratarse de un guardia civil a quien se hubiera destituido fuera alguno de los cargos de confianza con los que tanto ha arremetido la oposición, por ejemplo, Iván Redondo, no se habría armado tanto revuelo. Ninguna diferencia debiera existir por el hecho de que el destituido sea de la Benemérita.

Dicho lo cual, ¿qué necesidad tenía Marlaska de mentir? Porque eso es lo que hizo, mintió, tal y como prueba la información revelada ayer por El Confidencial y su posterior rectificación confesión. Hubiera sido preferible mantenerse en su primera versión de "pérdida de confianza", aclarando que sí, que la destitución estuvo relacionada con el polémico informe del 8-M, pero no tanto por su contenido sino por haber sido filtrado a la prensa algo sobre lo que ni siquiera el propio Marlaska tenía derecho a conocer por esta bajo secreto de sumario. No lo hizo, prefirió mentir y negar y ahora ha de estar dispuesto a encajar toda suerte de críticas.

Por otro lado, nunca debió ser necesaria la destitución de Pérez de los Cobos. Era él quien si hubiera tenido una postura honesta debería haber dimitido tras revelarse tan infame informe redactado por los agentes judiciales bajo sus órdenes. No sólo se trataba de un informe repleto de parcialidad, sino con incorrecciones de peso y manipulación de testimonios que apuntaban a, en el mejor de los casos, una negligencia atroz y, en el peor, a una malintención intolerable. No dimitir ante un informe que cuestiona la misma profesionalidad de la Guardia Civil no dice nada bueno de Pérez de los Cobos, aunque las derechas no quieran ahondar en ello  y prefieran lucir mascarillas con el escudo de la Benemérita.

La sesión parlamentaria de hoy se anuncia muy bronca y, por un lado, no faltan motivos. La pena es que las derechas sólo tomen de ese asunto tan feo la parte que les interesa para atacar al gobierno, obviando que desde la Benemérita no se ha actuado mucho mejor que en el Ejecutivo, cerrando filas sobre la mentira.