Posos de anarquía

Soplar y sorber con el turismo

El Aeropuerto de Palma de Mallorca comenzó el 15 de junio el plan piloto de turismo. EFE

Habrá más rebrotes. Negarlo es engañarse. Los brotes que han surgido en los últimos días son fruto más bien de la fase en la libre circulación sólo se producía por la misma Comunidad Autónoma. Será a partir de ahora cuando comencemos a percibir los efectos de la libertad de movimientos por todo el territorio nacional. Como guinda del pastel, la reapertura de nuestras fronteras, tan reclamada por la derecha y la patronal, para que llegue el turismo y ante la cual ahora todo son pegas.

Terminado el Estado de Alarma y devueltas las competencias a las autonomías, la derecha anda perdida. Ha entendido el concepto de oposición como la mera misión de estar en contra, aunque para ello sea necesario entrar en contradicción, intentando soplar y sorber a un tiempo. Resumiendo la evolución de los acontecimientos, el guión sería así:

El Gobierno no quería abrir las fronteras aún y la derecha exigía la llegada del turismo; el Gobierno comenzó la reapertura pero obligando a cuarentena y la derecha criticó la medida al considerar que desincentivaba el turismo; el Gobierno eliminó la cuarentena y comenzó a aplicar controles de seguridad similares a los que se realizan en el resto de países emisores de nuestro turismo... y a la derecha les parecen insuficientes.

Ni Francia, ni Reino Unido, ni Alemania realizan pruebas PCR a los viajeros y viajeras que llegan a sus aeropuertos. L@s expert@s sanitari@s las desaconsejan, no las ven operativas y consideran que provocaría colapsos en los aeropuertos. A pesar de ello, la derecha no está satisfecha, continúa poniendo palos en las ruedas, reclama lo que antes negó. No hay quién la entienda... o quizás sí. Quizás es más sencillo de lo que parece y, simplemente, se trata de ir cambiando el discurso a medida que avanza la pandemia con el único fin de que parezca que el Gobierno de España no da una.

Otros países, como Reino Unido y Alemania sí mantienen cuarentenas. España no porque, como decía, la propia derecha echó pestes cuando ésta estaba vigente. Querían turismo y tienen turismo, regulado en líneas generales con idénticos controles aeroportuarios que en el resto de Europa. Imagino que tener que asumir ahora las responsabilidades, ser los gobiernos autonómicos los que limiten o no derechos ante nuevos brotes, pone a la derecha al filo del abismo y prefieren empujar al Gobierno de España.

Quizás no tendríamos que haber abierto fronteras, pese a esa derecha y a esa patronal, pese a las recomendaciones de la Unión Europea, pese a los lobbies de aerolíneas y demás actores turísticos... pese a nuestra propia economía. Es posible que hubiera sido preferible no anteponer la economía a la salud, destinar todos los esfuerzos a reconvertir de una vez por todas nuestro sector productivo, promover el turismo nacional, controlar internamente la pandemia y tener lista nuestra Sanidad Pública de cara al otoño... el turismo extranjero aporta muchos millones a nuestra economía pero, ¿cuál será el coste de rebrotes incontrolados si se producen? España no aguanta otro confinamiento, pero sí habría soportado un cierre de fronteras, sí habría soportado un turismo nacional porque tenemos la fortuna de vivir en un país extraordinario...

Pero no ha sido así. Hemos optado por el turismo, como ha optado el resto de Europa y toca apechugar, toca jugar con esas reglas y no cambiar de deporte a mitad de partido, como parece pretender la derecha. Toca, de nuevo, remar todos juntos y juntas, aportar soluciones y no sólo problemas que, por otro lado, son más que evidentes. Y, sobre todo, es momento de dejar de soplar y sorber al mismo tiempo o nos ahogaremos.