Posos de anarquía

Mala gente


Concentración en Lleida el 20 de junio, día internacional de los refugiados. Mireia Barés

En España tenemos un serio problema de soberbia chovinista, de falso orgullo patrio que nos lleva a dar cobijo a seres indeseables en nuestra sociedad. El ejemplo más reciente lo estamos viendo en las personas migrantes que trabajan en el campo. No se equivoquen, ellas no son los indeseables, sino sus patronos, esas personas que discriminan, que cosifican a las migrantes, que las esclavizan y terminan convirtiéndolas en meros objetos de usar y tirar. A estos patronos no sólo les damos cobijo sino que, además, cuando son señalados, quienes sacan a la luz la esclavitud que se vive en España en pleno siglo XXI son los culpables. Una auténtica vergüenza.

La falta de capacidad autocrítica debería ser deporte olímpico y arrasaríamos... tan dados y dadas que somos a reprochar a la clase política su incapacidad para evaluarse y corregir sus errores, sacudirse sus vergüenzas. Un paseo por las redes sociales esta mañana me ha descubierto cómo seres tan indeseables como los patronos ponían a caer de un burro a la andaluza Teresa Rodríguez por denunciar el racismo que existe en el campo español.

Después de ver las condiciones en que estos patronos tienen a los temporeros y temporeras african@s en Lleida, pasando por Albacete y siguiendo por Huelva, tan sólo cabe una explicación para seguir culpando a quien critica la situación en lugar de cargar a quienes la provocan: ser mala gente. Y en España, me temo, la hay a patadas. Que se diga que existe racismo en el campo español no es cargar con la totalidad de la gente del campo, nada más lejos de la realidad. De hecho, quienes insultan a Teresa Rodríguez por advertir que recurrirá a la Justicia si no se ataja esta precariedad son, por lo general, los defensores de ese modelo de esclavitud, los xenófobos, los racistas. Mala gente.

Aun corría el mes de abril y ya advertí en otro artículo que la precariedad, que la desigualdad se convertiría en un vector de contagio del COVID-19. Habituado a la lluvia de insultos por muchos de mis artículos, no puedo decir que hoy me alegre de que éstos vuelvan como un bumerán a la panda de cabezas huecas que se cebaron conmigo entonces. Pero lo hacen. Es un hecho, que la precariedad y la esclavitud que practican algunos patronos españoles con los temporeros son la causa de buena parte de los rebrotes de coronavirus. Esa esclavitud es la causa y no los temporeros en sí, que llevan padeciendo esta situación durante más de dos décadas sin que ni Gobiernos ni ciudadanía hayamos movido un dedo para atajarlo mientras la fruta fresca llegaba a nuestros platos.

Toda esta mala gente, incapaz de ver que justo después de terminar la campaña de recogida es cuando se queman los campamentos infrahumanos, denunciados por el relator de DDHH de la ONU -que nos sacó los colores- son el exponente de ese falso orgullo patrio que antepone los colores de una bandera a los derechos humanos más esenciales, que quiere imponer sus colores, los de su bandera, los de su piel, sobre cualquier otro. MALA GENTE.