Posos de anarquía

Simio no mata simio

Protesta en la Puerta del Sol de Madrid. JUANJO MARTÍN /EFE

El diablo está en los detalles. Los medios de comunicación cargan las tintas en la segunda noche de altercados por las protestas contra la encarcelación de Pablo Hasél, obviando que también es la segunda noche que las concentraciones pacíficas por la misma causa se reparten por toda España. La violencia vende, agita las aguas políticas, eluden la reflexión o, incluso, la desprestigian. Y si eso no es suficiente, siempre estará Pablo Echenique con sus tuits tan premeditados como torpes.

Ayer múltiples concentraciones pacíficas por toda España volvieron a reclamar libertad para Hasél, por considerar que nuestra democracia retrocede medio siglo vulnerando de esta manera la libertad de expresión. Fueron más, muchas más las concretaciones sin altercados que aquellas en las que los hubo pero, sí, es cierto, los actos violentos de Madrid y Barcelona acapararon toda la atención.

Ese tipo de violencia es reprobable, absolutamente condenable y que no conduce a nada, más que a dar alas a quienes precisamente se quiere combatir, a esas mentes retrógadas en unos casos y absolutamente fascistas en otros, que en el barro se desenvuelven como nadie. Dicho esto, vuelvo al principio de la columna: el diablo está en los detalles.

El tuit de Echenique que tanto revuelo ha armado no apoyaba los actos violentos, tal y como están haciendo ver irresponsablemente diversos medios de comunicación y, cómo no, esa derecha casposa que tanto gusta de cegarse con la enseña nacional. Decir "todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles. Ayer en Barcelona, hoy en la Puerta del Sol" en modo alguno apoya explícitamente la violencia; lo que hace es no condenarla, en un momento en el que se estaba produciendo. Y obviar esta consideración en su tuit no es casual, no es muy diferente a lo que hizo Trump con los asaltantes al Capitolio y, para ser un tipo tan inteligente, qué torpe es a veces.

Es preciso ser contundente a la hora de condenar la violencia y los manifestantes que esta semana han arrojado piedras a la policía, han construido y quemado barricadas, han destruido mobiliario urbano, destrozado motocicletas o, incluso, asaltado una comisaria. Esos hechos distan mucho de lo que quienes inician esas concentraciones y quienes protagonizan aquellas en las que no hay altercados reclaman. Y yo los condeno.

Condeno todo tipo de violencia y, de nuevo los detalles: también la de la policía. Existe y negarla como hacen los medios, la clase política -especialmente de derecha- y la misma policía es obviar como obvia Echenique. Quedarse únicamente con la realidad que interesa es tan antiguo como el mundo, pero no por ello es honesto o ético.

Ni siquiera hablo del diferente trato que se hace de la brutal agresión por parte de dos agentes fuera de servicio en Linares -¡ay de las personas agredidas si hubiera sido en Alsasua, que estarían ya aisladas en prisión preventiva por etarras!-, ni de los perdigonazos en las manifestaciones posteriores... Hablo de otro ojo reventado por una bala de foam y hablo de este hilo:

El periodista Israel Merino relata cómo la Policía Nacional gaseó a un grupo de periodistas que cubrían las protestas de Madrid. Merino se identificó, acreditación en mano, gritando que era periodista y ello no fue suficiente para que uno de los agentes lo moliera a porrazos, pese a que sus colegas, algunos de ellos con chalecos de prensa, cascos y cámaras en ristre, gritaban que era periodista de CTXT.

Lo triste es no es sólo que se preste más atención a un tuit torpe de Echenique y se retuerza al gusto para hacerle el juego al político de Podemos, ni siquiera que esta situación de brutalidad policial no sea tan aislada como algunas personas quieran hacer ver; lo más triste de todo es que, como dice Israel, "mañana denunciaré, pero sé que no va a servir para nada. Simio no mata simio". Y qué razón tiene, me temo.