Posos de anarquía

Las muertes en residencias han de pasar factura a Ayuso

Trabajadores sanitarios trasladan a ancianos durante la pandemia. — Brais Lorenzo / EFE

Cuando llegan unas elecciones, la diferencia entre quien gobierna y quien está en la oposición es que el primero/a se expone a otro criterio de valoración adicional a las propuestas para la nueva legislatura: la gestión que ha realizado en la saliente. En ese sentido y dado que todavía no se ha escuchado un nuevo programa de Isabel Díaz Ayuso (PP), son días para analizar su gestión: Madrid es la gran ciudad europea con más mortalidad respecto al total de población. Si miramos a nuestros mayores, al drama vivido en las residencias durante toda la pandemia, la tragedia roza lo penal.

Ayuso se sacude las comparaciones con otras capitales europeas recurriendo al argumento de la densidad. Descarta que otras capitales superen a Madrid en población porque ésta lo hace en densidad y, desde su punto de vista, eso lo cambia todo. Evidentemente, la densidad es una variable a considerar, pero no la única. En la Comunidad de Madrid está métrica se sitúa en menos de 850 habitantes/km² (en la capital aumenta hasta los 5.400 hab/km²) y desde el inicio de la pandemia ha registrado casi 645.000 contagios y unas 14.700 muertes. La densidad en Macao es de más de 22.000 habitantes/km² y desde el inicio de la pandemia ha registrado 49 contagios y ni una sola muerte.

Vemos, pues, que el dato de la densidad no basta para justificar el azote de la pandemia en Madrid. Basta mirar al caso de las residencias de mayores para darse cuenta de ello. Un asunto que es competencia directa de la Comunidad de Madrid y  sobre el que es preciso llamar la atención en esta campaña electoral, porque demuestra los valores reales de Ayuso. Madrid lidera el ránking en España de muertes en las residencias, con 6.195 fallecimientos por COVID-19, lo que supone la muerte del 42,5% del total de ancianos y ancianas en estos centros. Terrible.

Nada tuvo que ver ahí la densidad y mucho la gestión, como demuestra el conocido como Protocolo de la Vergüenza, aquel que el gobierno de Ayuso impuso según el cual recomendaba no trasladar al hospital a ancian@s enferm@s en las residencias, aunque éstas no disponían de los medios para hacer frente al coronavirus. A pesar de haber sido publicado el documento que lo prueba, el Gobierno de Ayuso niega tal protocolo pero la realidad es tozuda y nos dice que precisamente cuando más azotaba la pandemia, en lugar de incrementarse los traslados hospitalarios desde las residencias, éstos se desplomaron casi un 37%.

Ese fue el principal motivo de que la tasa de mortalidad en las residencias de mayores madrileñas superara el 42%: habiendo cortado el grifo a la Sanidad pública y con la tensión hospitalaria insoportable, Ayuso optó por prescindir de las personas mayores... y murieron, solas, sin sus seres queridos cerca.

La situación sobre la que ahora, en precampaña, apenas se hace hincapié ha sido tan dramática que incluso Amnistía Internacional ha tomado cartas en el asunto. Si a finales del año pasado el organismo denunciaba violaciones de Derechos Humanos (DDHH) en estas residencias y exige al Gobierno una "investigación independiente", en su reciente informe 2020-2021 sobre la situación de DDHH en el mundo señala cómo "en noviembre, unas 20.000 personas de edad avanzada habían muerto de COVID-19 en residencias de mayores; representaban alrededor del 50% de todas las muertes porla enfermedad registradas hasta ese momento".

Amnistía Internacional es clara al tachar los protocolos de "discriminatorios y violar el derecho a la salud", al evitar los traslados hospitalarios. El informe es demoledor al describir cómo "en el momento álgido de la pandemia, algunas personas residentes en centros de mayores estuvieron confinadas indefinidamente en sus habitaciones, con escaso o nulo contacto con sus familiares y sin supervisión efectiva de las autoridades regionales y nacionales, lo que dio lugar a violaciones de sus Derechos Humanos".

Ayuso se lava las manos con este asunto y, como recordaba Pablo Iglesias (UP) ayer, lo hace con el jabón aplicado por Ciudadanos y Vox, gracias a los cuales han ido cerrando las comisiones de investigación al respecto. Sin embargo, no es un tema menor: la masacre sufrida en las residencias de mayores es reflejo de los valores de la candidata popular, de cómo el estrangulamiento de lo público en favor de lo privado es su bandera. Con la crisis económica-social que vivimos y la incertidumbre existente que le puede dar un revés a su vida, a la hora de acudir a las urnas debería preguntarse si podrá acudir siempre al colchón de lo privado porque, cuando ya no pueda, quizás lo público tampoco esté ya a su alcance.