Posos de anarquía

El Banco de España es el zorro que vigila a las gallinas

Detalle de la fachada del Banco de España. EFE/Chema Moya

Hace unos pocos días, el Banco de España volvía a reclamar el abaratamiento de los despidos y resucitaba la llamada 'mochila austriaca', con la que se pretende acabar con las indeminizaciones por despido y privatizar las pensiones. Y no ha pasado ni siquiera una semana para que conozcamos como el regulador ha estado pagando durante ocho años finiquitos a sus directivos que triplican lo que determina su categoría. ¿Tenemos al zorro vigilando a las gallinas?

Infolibre nos descubre esta mañana cómo el Banco de España ha estado aplicando a la alta dirección una normativa diferente que al resto de su trabajadores para pagar sustanciales finiquitos, amparándose para ello en la reforma laboral del PP.

No sorprende que el actual gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, sea uno de los grandes detractores de derogar la reforma laboral que, mientras enriquece a personajes de su calaña, en el resto de España ha extendido la miseria y precariedad.

El regulador, que como nos recordaba recientemente Juan Torres, ya nos ha costado a los españoles y españolas demasiados millones de euros, se cree por encima del bien y del mal. Su gobernandor, Hernández de Cos, no es mejor que sus predecesores, con especial atención a Miguel Fernández Ordóñez, bajo cuyo mandato el organismo creía navegar a bordo de su elitismo cuando en realidad naufragaba en su gestión.

Tras ver su clamoroso fracaso e ineptitud en las quiebras bancarias que no vio venir, en el esperpéntico caso Bankia como máximo exponente de la peor banca posible que defrauda a la ciudadanía y con sus postulados, como el que se oponía a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), el Banco de España ha perdido todo el crédito.

A ojos de la ciudadanía, el regulador infringe más daño que reporta beneficios, con el agravante del pozo sin fondo que se ha convertido, el agujero negro que engulle nuestros impuestos sin que mejore en modo alguno nuestra vida. Ver cómo directivos se llevaron finiquitos de más de 61.000 euros cuando les correspondían 21.000 euros es un insulto a la ciudadanía. Ser testigos, además, de cómo el Banco de España saca pecho, soberbio, y encima hace gala de una independencia que identifica erróneamente con impunidad, es directamente una agresión al pueblo.