Posos de anarquía

El racismo explotador

Trabajadoras en un invernadero. Foto/Efeagro/ Zacarías García

Semanas atrás demostraba estadísticamente cómo la discriminación por origen racial o étnico ha aumentado en España a medida que Vox ha cobrado peso y el PP ha endurecido su mensaje para que la extrema-derecha no continúe comiéndole terreno. Si el racismo y la xenofobia son en sí mismos despreciables, el cinismo y la hipocresía incrementan aún más la inmudicia moral de quienes son partidarios de pisotear Derechos Humanos (DDHH). Esto es lo que está sucediendo en lugares donde Vox ha vivido un repunte en las urnas mientras la explotación de migrantes en situación irregular continúa extendiéndose.

Ayer conocíamos la noticia de la muerte de un jornalero nicaragüense sin papeles, electrocutado en lo que parece una negligencia en materia de prevención de riesgos laborales. La noticia pasó inadvertida ante los ojos de buena parte de la prensa, que ha perdido el norte mirando más a coletas cortadas que a cuestiones absolutamente humanitarias, como los asesinatos a manos del Gobierno colombiano, los ataques de Israel a Palestina, la guerra en el Sáhara Occidental o el mismo respeto de los DDHH dentro de nuestras propias fronteras.

Aldrich Rivera, la víctima de la explotación laboral que murió ayer en La Palma del Condado (Huelva), no estaba dado de alta en la Seguridad Social ni tenía permiso de trabajo, algo que su empleador podría haber resuelto en un abrir y cerrar de ojos. No lo hizo, porque contratar a alguien en situación de vulnerabilidad abre las puertas de par en par a la explotación, al abuso, a lucrarse con la desgracia ajena.

No es casual que en esta localidad Vox haya experimentado un repunte, convirtiéndose en la segunda fuerza política en las últimas elecciones generales. El mismo partido que emite mensajes xenófobos, que alardea abiertamente de su racismo e incita al odio a las personas migrantes, contribuye crear un ecosistema de explotación al vulnerable.

Diez meses antes, otro jornalero, esta vez ecuatoriano, moría en Lorca de un golpe de calor. Cuando aún se encontraba con vida, en lugar de tratarlo como un ser humano, lo abandonaron en un centro de salud. ¿Adivinan qué partido ha aumentado su caladero de votos en esta localidad murciana hasta ser la segunda fuerza política más votada? Sí, Vox, el mismo partido que también ha crecido en Palos de la Frontera, donde se sucedieron los incendios contra los asentamientos chabolistas de jornaleros, buena parte de ellos marroquíes... eso sí, por lo general, incendios que no surgen durante la campaña de recolección, sino cuando ésta ha terminado.

El patrón siempre es el mismo: desprecian a las personas migrantes mientras se aprovechan de ellas, mientras abusan de ellas. Grandes conquistas sociales, como el derecho al aborto o el matrimonio igualitario siempre se topan con palos en las ruedas por parte de los conservadores, llevándolas incluso al Tribunal Constitucional en ese delirio de que creerse los únicos defensores de la Carta Magna. Sin embargo, como sucederá con la ley de eutanasia, no dudan en hacer uso de estas leyes, incluso, mientras sus recursos se están tramitando. Hipocresía en estado puro.

Lo mismo sucede con la migración, a la que denigran, criminalizan y desprecian en público mientras, en privado, se llenan los bolsillos a su costa. Las penas por estos delitos deberían trascender las sanciones económicas contemplando, si no prisión, sí al menos trabajos comunitarios obligatorios y no remunerados con colectivos a los que desprecian, a los que vampirizan. La extrema-derecha, quienes la siembran y quienes la riegan, ni siquiera son genuinos, su autenticidad hace aguas al calor del euro. Miserables.