Posos de anarquía

Cultura para los olvidados

Los jóvenes de 18 años dispondrán de 400 euros para consumo cultural.- Pixabay

En aguas tan revueltas como las que no ha tocado navegar es una pena que el bono cultural de 400 euros para jóvenes que anunció ayer Pedro Sánchez sólo haya tenido verdadera repercusión cuando se ha generado polémica con los toros. La medida es positiva aunque, como todo, mejorable. Sin embargo, demuestra que este gobierno muestra más empatía que ningún otro con los segmentos de la sociedad más olvidados por la clase política; esta vez es el turno de la juventud.

Los jóvenes que cumplan 18 años tendrán a su disposición 400 euros para acceder a la cultura a través de una aplicación móvil (app). No es una idea original de este Gobierno, porque medidas similares ya se realizan en Italia o Francia. En éste último, la iniciativa arrancó el año pasado, utilizando una app que geolocaliza al usuario o usuaria para proponerle la oferta cultural que tenga próxima.

En Francia la cuantía es de 300 euros a gastar en dos años. Los resultados están siendo muy positivos, con el aumento del consumo de cómics manga como una de las mayores críticas. Este tipo de cómics es muy caro en Francia y está fuera del alcance de los jóvenes habitualmente, lo que explica esta tendencia. A fin de cuentas, los cómics, le guste más o menos a ciertos círculos, también es cultura.

Aquí en España, el bono cultural creo que será muy positivo. Sin embargo, siempre que se anuncian iniciativas de este tipo, echo en falta que vengan acompañadas de estudios exhaustivos que avalen su idoneidad, que justifiquen los criterios de la misma. No ha sido el caso y no sorprende, porque en líneas generales existe una carencia de este tipo de estudios enfocados exclusivamente a la juventud, con contadas excepciones como son los que realiza el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), que constatan cómo lo digital (chatear, plataformas de streaming...) le ha comido mucho terreno a la lectura, el cine, el teatro, los museos y las exposiciones...

Con el tiempo, es posible que el uso de la app para consumir el bono cultural nos pueda dar más pistas de un segmento de la población históricamente abandonado por las Administraciones Públicas. Quizás, su poco peso en las urnas tenga algo que ver en ello, pero la realidad es que del mismo modo que no se realizan demasiados estudios especializados, tampoco se crea una oferta cultural especialmente diseñada para ellos y con ellos, detalle que no es menor, porque el error de creer que sabemos lo que quieren está demasiado extendido.

Lo que es evidente, con estudios o sin estudios, es que la juventud tiene problemas para acceder a muchos derechos, y el derecho a la cultura es uno de ellos. Así que bienvenido el bono cultural, también de cara al sector de quienes producen y distribuyen esa cultura. Siempre queda, sin embargo, la duda de que al moverse en terreno desconocido por esa falta de implicación con la juventud, una parte de la misma no sea consciente del abanico cultural que tiene a su disposición, sencillamente, porque no tiene ni la formación ni la sensibilización para ello. Ello propiciaría que, incluso con el bono cultural, autoreduzcan sus posibilidades de consumo y pierdan una maravillosa oportunidad para, por ejemplo, descubrir el disfrute una obra de teatro en lugar de una taquillazo estadounidense en una plataforma de streaming.

Por otro lado, el 'café para todos' nunca me ha gustado. Los beneficiarios de este bono deberían ser quienes realmente lo necesiten, porque no tiene ningún sentido que puedan acceder a él de la misma manera la infanta Leonor que uno de los jóvenes incluido en esos 11 millones de personas que Cáritas ya denuncia que se encuentran en riesgo de exclusión. En realidad, resultaría muy sencillo descontar a quienes, sin necesitarlo, hagan uso de este bono. Bastaría con que automáticamente se incluyera en su declaración de IRPF (o la de su padre/madre) y se apliquen las correspondientes fórmulas. Tecnológicamente, tendría que resultar muy sencillo.

Por último... los toros. ¿Han o no han de estar incluidos? Vaya por delante que desde mi punto de vista los toros no son cultura y si desaparecieran aplaudiría. La cuestión es: ¿debemos acabar con ese funesto espectáculo o, sencillamente, dejar que se muera como de hecho ya languidece? Tengo mis dudas, pero no puedo negar que las bofetadas de realidad que muestran las estadísticas son la mejor estocada para los defensores de los toros: la mal llamada fiesta nacional cada año pierde espectáculos y seguidores. Es un hecho. De incluirla en el bono cultural, esta realidad sería aún más aplastante, evidenciando que tiene sus días contados. Que esa polémica no empañe la buena noticia de este bono cultural para uno de los grandes colectivos olvidados.