Posos de anarquía

Nadie al volante en la Sanidad andaluza

Un día Moreno siembra Andalucía de esculturas de homenaje y otro despide a 8.000 sanitarios.- Junta de Andalucía

Cada vez que se producen movilizaciones masivas de la sociedad en contra de la gestión de algún gobernante, éste habla de "manifestaciones polítizadas" y trata a la ciudadanía como estúpida, como títeres manejados por la oposición que no tienen criterio propio para luchar por sus derechos. El último en hacerlo ha sido Juan Manuel Moreno (PP) en Andalucía, al ver cómo la Marea Blanca llena las calles protestanto por el desmantelamiento de la Sanidad Pública.

Es año electoral y aunque parece mala idea tachar de marioneta a la ciudadanía y a colectivos enteros como el sanitario, al que tanto se ha aplaudido y al que el propio Moreno ha levantado múltiples esculturas de homenaje, se tacha. Lo hace el PP, que ha dejado a la Sanidad andaluza en estado permanente de UCI.

La gestión sanitaria de la Junta de Andalucía hace aguas por todos lados... mientras la privada vive momentos dulces y eso no es casual. Tras casi cuatro años de gestión, Moreno continúa hablando de "herencia recibida", pero nada con esa supuesta herencia tiene que ver el hecho de que un día la Junta despida a 8.000 profesionales sanitarios y, al poco tiempo, tal y como habían advertido los propios sanitarios, falte personal.

La precariedad de la Sanidad Pública andaluza ha propiciado que muchos profesionales emigren a otras Comunidades Autónomas, a otros países o a la sanidad privada, que exhibe músculo al ver cómo cada vez más personas que se lo pueden permitir contratan sus seguros médicos empujados por las listas de espera interminables de la pública.

La gestión sanitaria es tan deficitaria que cuando sus responsables toman la palabra se constata con desolación que nadie parece estar al volante. Así sucedió hace unos días, cuando el delegado de Salud y Familias de la Junta de Andalucía en Málaga, Carlos Bautista, era incapaz de precisar en una entrevista en Cadena Ser cuántos profesionales hacen falta para reforzar el sistema. Se aferraba Bautista al discurso de haber contratado a todos los disponibles -tras haber despedido a 8.000-, jactándose de que si hubiera más, más se contrataría.

Los gestores populares andan reñidos con las cifras. Ni Bautista supo precisar cuántos profesionales sanitarios se requieren, ni quiso poner números a la precariedad existente que motivan esa carencia de personal. Lo que sí fue capaz de calcular, aunque fuera de manera aproximada, es el falseo de la incidencia acumulada de Covid en Andalucía que, según él mismo expuso, puede ser el doble o el triple de lo que se comunica al Ministerio de Sanidad, pues no se están incluyendo los positivos de los autotests.

Ese es otro signo de la pésima gestión que nada tiene que ver con la herencia recibida. El desamparo de los enfermos por la dejación de la Junta de Andalucía es creciente, viendo cómo cuando se comunican positivos por autotest no se realiza ningún tipo de rastreo, no se trata al paciente, no se devuelven llamadas ni se realizan PCR, pese a ser ese el único mensaje que envía el Servicio Andaluz de Salud (SAS) en respuesta a la notificación del positivo.

Se defiende Moreno afirmando que "no hay un solo ratio en el que no estemos mejor que en 2018", obviando la inyección presupuestaria que ha recibido por parte del Gobierno de España para reforzar la Sanidad Pública. ¿Se imaginan que con una pandemia que ha dejado en España más de 90.000 muertos y cerca de 9 millones de contagios los ratios fueran peores que en 2018? Esa afirmación de Moreno no es, pues, para aplaudir, sino que es lo mínimo exigible aunque él quiera hacer lo normal algo extraordinario.

Quizás ya en el próximo mes de abril, el pueblo andaluz esté llamado a las urnas y tendrá la oportunidad de plasmar su aprobación o rechazo a esas colas interminables para ser atendido en la Sanidad Pública, a esa privatización cada vez menos encubierta, a ese desamparo vivido en pandemia.