Posos de anarquía

Moreno Bonilla al servicio de la casa de Alba y los Osborne

Moreno Bonilla en una fotografía de archivo. Rafa Alcaide - EFE

El presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno (PP), miente y, lo que es peor, lo hace para beneficiar a los más ricos. Este lunes se ventiló el Impuesto de Patrimonio, que sólo pagan quienes posean más de 700.000 euros netos -excluidos los primeros 300.000 euros de primera vivienda-, asegurando que eso atraerá a las fortunas que se han fugado a comunidades autónomas como Madrid, que con su dumping fiscal genera desigualdad en España. Sin embargo, no es así: lo cierto es que con los datos en la mano, en los últimos cinco años las regiones que cobran el Impuesto de Patrimonio, esto es, Catalunya, País Valencià y Andalucía, han conseguido atraer y retener a más personas ricas que Madrid, que no recauda por esa vía.

Con la bonificación al 100% del Impuesto sobre el Patrimonio Andalucía perderá unos 100 millones de euros al año que recaudaba de unas 17.000 personas (en una Comunidad de ocho millones de habitantes supone en torno al 0,2%). Cada una de esas fortunas se ahorrará casi 6.000 euros al año. Si sumamos el resto de sangría recaudatoria que ha impuesto Moreno para beneficiar a las grandes fortunas, como es la supresión del Impuesto de Sucesiones que solo pagaba quienes heredaban más de un millón de euros, así como la deflactación del IRPF, las arcas andaluzas pierden casi 1.000 millones de euros al año, con lo que podrían contratarse 15.000 médicos.

El argumento detrás de la medida que esgrime el presidente andaluz es que así conseguirá atraer más fortunas. Según Moreno, de los 20 contribuyentes que más impuestos pagan por Patrimonio, la mitad se trasladaron fuera de Andalucía, lo que supuso una pérdida de 3,5 millones en impuesto de Patrimonio y de 14 millones en el IRPF. Sin embargo, basta acudir a los datos de la Agencia Tributaria para darse cuenta de que tal fuga de millonarios no es real; de hecho, el número de declarantes del Impuesto de Patrimonio ha aumentado año a año en Andalucía.

La medida choca con los lamentos habituales de Moreno pidiendo más financiación al Estado. ¿Cómo es posible que demande más dinero mientras renuncia a las vías de ingreso propias como son esos impuestos a las grandes fortunas? El presidente de la Junta está desmantelando el Estado de Bienestar, con servicios públicos como la Educación y la Sanidad claramente infrafinanciados, algo premeditado, toda vez que la Junta termina ejercicios con superávit o el propio Moreno admite que no tiene capacidad para gastar tanta inversión como le llega de los Fondos Europeos de Recuperación. Mientras, con una pertinaz sequía que lleva a que Córdoba solo tenga reservas de agua para consumo humano para cinco meses, las obras hidráulicas necesarias paradas reclamando inversión estatal.

Si se toma el argumento falaz de Moreno, quizás en lugar de pasar la mano por el lomo a las grandes fortunas de Andalucía, como la casa de Alba, los Osborne, los Domecq, los Cosentino o los González-Gordon (Mayoral), debería hablar con su colega de partido Isabel Díaz Ayuso para que deje de ejercer el dumping fiscal. En su lugar, trata de imitarlo y, al hacerlo, perjudica al resto de España. Mientras Madrid es un contribuyente neto, lo que implica que si recauda menos aporta menos dinero al Estado; Andalucía, en cambio, es un receptor neto. Esto significa que no aporta al Estado, sólo recibe, con lo que cualquier rebaja fiscal a los más ricos termina siendo compensada por los españoles que menos tienen.

No deja de ser curioso que aquellos que más hablan de patriotas y patriotismo son los primeros que se venden por cuatro perras. El propio Moreno inundó su campaña de banderas andaluzas pero, a la hora de verdad, quienes más le importan son los que a la mínima de cambio se fugan de la Comunidad para ser menos solidarios. Eso no es patriotismo, eso tiene otro nombre.