Posos de anarquía

El juego sucio del PSOE con la ley trans alimenta la violencia

La presidenta Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé, en la manifestación contra el retraso en la aprobación de la ley trans (Madrid) — Javier López / EFE

La ley trans está generando una violencia fuera de lo común. Se pierden las formas, la reflexión, el sentido democrático. Uno de los últimos episodios lo desvela mi colega Violeta Molina, periodista de El Periódico de España que, tras publicar una entrevista a Ángela Rodríguez, secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, lamenta cómo "no han parado de llegar insultos, descalificaciones y agresividades". ¿Se está tambaleando la premisa de que ser demócrata es ser feminista y viceversa?

A nadie se le escapa que la Ley Trans es polémica y enfrenta posiciones que, hoy por hoy, parecen irreconciliables. Hay quien ve el feminismo dividido; yo prefiero ver a demócratas que disienten y, una parte de quienes lo hacen, juegan sucio. Ver el feminismo amenazado o dividido es un error, porque tratar de avanzar en los derechos fundamentales de un colectivo no debería ir en detrimento de la igualdad, más bien al contrario, debería fortalecerla.

Sin embargo, la percepción es que, efectivamente, personas que se asumían feministas se desmarcan y traspasan los límites de una convivencia democrática. Lo denunciado por Violeta en su cuenta de Twitter es impropio del feminismo, de cualquier persona que se sienta mínimamente demócrata. La ley trans que ahora trata de boicotear el PSOE es fruto de mucho debate, de negociación, de un tira y afloja en el que se han perdido cosas por el camino para tratar de acerca posturas.

Podría decirse por ello que la ley trans encarna esos valores democráticos que figuran en el imaginario ideal, ese en el que quienes impulsan la igualdad se aferran a sus coincidencias para limar las diferencias. Sin embargo, una parte del PSOE parece no haber encajado el resultado de ese trabajo conjunto y al hacerlo vierte gasolina en la pira de la violencia. La actitud es profundamente irresponsable: para llegar a este punto, que no se hubiera sentado siquiera a negociar. Eso, al menos, habría sido más honesto.

Hay quienes ven en Carmen Calvo una de las manos que mueven los hilos de este disenso que obvia el consenso previo, pues la exministra siempre se ha posicionado en contra. Sin embargo, si la ley trans resultante era fruto del pacto, ¿por qué ahora es boicoteada por Ferraz, que se alinea con el PP? Pareciera que símbolos del colectivo trans como Carla Antonelli son útiles mientras no saquen los pies del tiesto, de su tiesto. Sin embargo, Antonelli o Mar Carbollé hace mucho que extendieron sus raíces más allá de un macetero, regadas por el mismo colectivo al que defienden y del que se retroalimentan. Por este motivo, la baja de Antonelli del PSOE le honra y es una muestra más de su integridad.

Frente a los insultos, las amenazas y la agresividad de una parte, surgen figuras como la histórica activista que es consecuente con sus principios y, a diferencia del PSOE, con lo que ha defendido toda su vida. Es inevitable pensar en otro activista histórico que ya hace años que nos dejó, como Pedro Zerolo, el cual seguramente estaría más del lado de Antonelli que de ese PSOE que juega sucio retrasando la aprobación de una ley pactada.

Asistir a esta actitud de quienes se jactan ser de izquierdas es inquietante y, por supuesto, favorece a actitudes antidemocráticas como las que sufren compañeras como las periodistas de El Periódico de España. Esos insultos, esa agresividad son el peor de los reflejos del cambio de las reglas del juego a mitad de partido que está intentando el PSOE, para el que la negociación y el pacto parecen no valer nada, llevándose por delante avances sociales.