Opinion · Punto de Fisión

Asesinos y violadores, delante

En las noticias relacionadas con la violencia de género abunda una forma de redactar noticias sumamente peculiar en la que el sujeto pasa a objeto y viceversa, audaz escamoteo en que un crimen brutal se transforma en una especie de accidente sintáctico. Basta leer, por ejemplo: «una mujer muere asesinada por su ex pareja», titular que, por desgracia, sigue granizando a lo largo y lo ancho de muchos periódicos nacionales.

No hace falta ser un estilista del idioma para comprender que algo muy feo está trastocando ahí el sentido -al tiempo que corroe la estructura gramatical-, cuando la realidad del suceso es que un señor con un martillo o un cuchillo de cocina o una escopeta ha matado a una señora a golpes, a cuchilladas o a balazos. Al subvertir la gramática, el asesino prácticamente desaparece de la frase por birlibirloque, el cadáver toma la responsabilidad de la acción verbal y la noticia va pasando de puntillas del ámbito policial al sanitario, como si la pobre mujer hubiese muerto de una epidemia bastante extendida en España: nacer con el sexo incorrecto y casarse con la persona equivocada. Qué le vamos a hacer, así son las cosas.

Hace unos días, informaron de varias violaciones mediante este curioso giro sintáctico: «Las chicas de Benidorm y Bilbao utilizaron apps para ligar que les condujeron a sus agresores». Tal vez les faltó añadir: se lo andaban buscando. Esa forma de redactar tan curiosa da a entender que no fueron los agresores quienes habían usado una herramienta digital en busca de posibles víctimas, sino que eran las víctimas las que iban preguntando por sus agresores.

Se trata de una extensión de esa rutina mental según la cual, cuando se analiza una violación, lo importante no es indagar en el historial delictivo del criminal sino saber cómo iba vestida la víctima, si llevaba minifalda y zapatos de tacón, si iba contoneándose mucho, e investigar además -si uno es tan concienzudo como Arcadi Espada- sus costumbres de apareamiento, la frecuencia con que salía de juerga y la hora a la que solía volver a casa por la noche. La misma rutina con la que las autoridades aconsejan a las mujeres no caminar solas por la noche o vestir lo más discretamente posible con el fin de no despertar bajos instintos reproductivos en los varones sanos terminará por advertir que lo mejor será que se queden quietecitas en casa.

Si los redactores utilizaran esta arquitectura gramatical y estos giros semánticos a la hora de escribir noticias sobre cualquier suceso el periodismo patrio iba a quedar fino. Algo más o menos así: «una joyería recibe la visita de unos atracadores»; «un viandante se interpone en el camino de un camión de tres ejes»; «siete ciudadanos fallecen por culpa de un atentado». La sintaxis es una cualidad del alma, decía Valery, y también puede decirse que se trata de una forma de organizar el mundo. La galantería aconseja que las mujeres pasen en primer lugar por una puerta pero la galantería tiene poco qué hacer en una violación o en un asesinato. Los asesinos y los violadores, delante.