Punto de Fisión

Ayuso en la pasarela Bruselas

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la entrega de los V Premios de Gastronomía de la Comunidad de Madrid, en la Real Casa de Correos, a 13 de octubre de 2021, en Madrid.- EUROPA PRESS

He estado leyendo unas cuantas entrevistas con Ayuso y hay una palabra que revolotea una y otra vez por los párrafos, en primera y en tercera persona. Es la palabra "sensación", que Ayuso emplea a menudo para referirse a la lucha entre las fiscalías europea y española por aclarar el asunto del contrato de compra de mascarillas donde intervino su hermano. Dice que tiene "una sensación de indefensión", lo cual en boca de esta mujer, acojona bastante. Si la señora presidenta de la Comunidad más importante de España se siente indefensa ante la justicia, imagínese cómo nos sentiremos los demás, los madrileñitos de a pie, barrenderos, farmacéuticas, camareros, enfermeras y periodistas.

Sin embargo, la indefensión es lo de menos: lo que cuenta es la sensación, que es una experiencia subjetiva que no siempre se corresponde con la realidad. Mucha gente siente picores, comezón y angustias indescriptibles y lo único que realmente tiene son remordimientos. A veces ni eso, porque también pueden ser gases.

En otra entrevista, Ayuso asegura que está completamente segura de que en el contrato de su hermano todo se hizo bien, pero que la oposición ha andado enredando para generar revuelo y una "sensación de ensuciar". Porque, según ella, por mucho que se limpie, siempre queda la sospecha. Lo de ensuciar es como lo de la indefensión, otra pista falsa, más que nada porque el mal olor proviene directamente del apareamiento entre un negocio millonario y un parentesco familiar. Que la culpa de la basura que pulula por las calles no es de los barrenderos antes citados, tampoco de los periodistas que la señalan. Ayuso debería saber estas cosas, que por algo empezó su carrera política paseando a un perro.

El caso es que Ayuso había viajado al corazón de Europa a brillar y a desfilar en la pasarela Bruselas, pero ha tenido que conformarse con hacer, una vez más, el ridículo. Tampoco es que importe mucho, porque ella no se da por enterada. El pretendido encuentro con la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, fue demorándose y marchitándose día a día hasta quedar reducido a un saludo en los pasillos.

Los periodistas, en vez de preguntarle por sus planes de defensa del español y de fomento de la maternidad, le han preguntado exclusivamente por su hermano, el emprendedor de las mascarillas. Al final, Ayuso logró que le hicieran una entrevista a la medida, uno de esos baños completos con jabón, perfume y manicura que tanto le gustan, aunque la bañera, el agua y los complementos venían en avión desde Telemadrid, cuyos reporteros y cámaras debieron desplazarse hasta Bruselas en lugar de lavarla en la Puerta del Sol, como acostumbran. Con el viaje y todos los gastos pagados a cuenta de los madrileños.

Es el segundo chasco internacional que se lleva, después de que visitara Nueva York en octubre esperando que la recibieran como a un astronauta, con las calles cortadas y tormenta de serpentinas por la Quinta Avenida, y ni siquiera la esperaba un equipo de Españoles por el Mundo. Imaginamos la sensación que ha debido traerse después de que en Bruselas la trataran como a la Mujer del Año en Arabia Saudí: Doña Nadie. Para desquitarse, ha nombrado a Ortega Cano vocal del Centro de Asuntos Taurinos, uno de esos organismos que, al igual que la Oficina del Español presidida por Toni Cantó, le quita el sueño mucho más que hospitales, colegios, universidades o residencias de ancianos. Una mujer sensacional, en el sentido más amplio de la palabra.