Punto de Fisión

Ayuso y la perrita federal Laika

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pronuncia una conferencia en el marco de un desayuno-coloquio convocado por el Club Siglo XXI. EFE/ Borja Sánchez Trillo
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pronuncia una conferencia en el marco de un desayuno-coloquio convocado por el Club Siglo XXI. EFE/ Borja Sánchez Trillo

Últimamente a Pedro Sánchez cada vez se le está poniendo más cara de chino. Debe de ser un efecto secundario de la cantidad de improperios y barbaridades que están soltando sobre él Ayuso y sus mamporreros en su desesperado intento por desviar la atención del caos en la gestión sanitaria madrileña. Le han llamado comunista, filoetarra, bolivariano y okupa, adjetivos bastante intempestivos todos ellos y tan alejados de la ideología más bien pragmática del presidente como el PSOE de la Quinta Internacional. Sin embargo, no hay duda de que los líderes socialistas españoles poseen una preocupante tendencia facial en la que poco a poco la jeta los va derivando hacia el Extremo Oriente. Del mismo modo que Felipe González se fue volviendo japonés a medida que cultivaba bonsáis, Pedro Sánchez, según le van cayendo encima insultos, se está transformando en Fu Manchú.

Es difícil trazar un mapa del batiburrillo mental con el que Isabel Díaz Ayuso va ejerciendo esta sutil oposición de tiro al plato: son tantos y tan vistosos los delitos cometidos por Sánchez en su imaginación que se amontonan unos encima de otros y apenas le permiten pensar. Hace unos días lo acusó de estar preparando un golpe de estado, una maniobra bastante insólita en política internacional, ya que los golpes de estado suelen cocinarlos militares, empresarios y opositores, no presidentes legítimos en el ejercicio del poder. De cualquier modo, poca gente en el mundo sabrá más de golpes de estado que la derecha española, admiradora convicta y confesa de diversos generales golpistas -Queipo de Llano, Millán-Astray, Franco- a cuál más repugnante. Otro tanto sucede con el delito de sedición, un apartado en el que son expertos desde julio de 1936.

Según Ayuso, el fabuloso plan de Fu Manchú Sánchez para destruir la democracia y el estado de derecho pasa por la instauración de una República Federal Laica, un proyecto en el que primero habría que abolir la monarquía y luego descomponer las autonomías, aunque tampoco hay que descartar que se haga al revés. El orden de los factores no altera el producto, sobre todo si el producto es simple y llanamente una gilipollez. Habría que examinar cuidadosamente qué entiende Ayuso por el término "República Federal", por no hablar de "Laica", un adjetivo en el que seguramente se confunde con Laika, la perrita que los malvados soviéticos enviaron al espacio en el primer paso de la conquista espacial. De otra cosa no, pero de perritos y perritas Ayuso sabe un montón.

Para demostrarlo, unos días antes, en la Asamblea de Madrid, Ayuso impartió una conferencia científica que parecía inspirada directamente por los ladridos de Pecas, el pobre chucho de Esperanza Aguirre que fue su principal mentor en política hasta que a su muerte lo reemplazó Miguel Ángel Rodríguez. La presidenta madrileña aseguró que la lucha contra el cambio climático favorece el comunismo, una evidencia científica firmemente asentada en el pelazo de Kim Jong-un. En este revival de la amenaza roja Ayuso obtuvo un inesperado apoyo en la denuncia de Abogados Cristianos de un sello de Correos conmemorando el centenario del PCE, una fantástica campaña publicitaria que va a revalorizar no sólo el maltrecho comunismo español sino el desacreditado arte postal. Viva Fu Manchú.