Del consejo editorial

Caminos escolares, retos urbanos

CARME MIRALLES-GUASCH

Profesora de Geografía Urbana

Se acuerdan de cuando los niños iban a la escuela andando, solos o acompañados de sus mayores? En las ciudades pequeñas, medianas e incluso grandes, a finales de los años sesenta, los niños y las niñas iban a pie al colegio. Los recorridos solían ser cortos, no más de diez minutos, y como eran pocos los que no comían en casa, tenían que realizar ese trayecto cuatro veces al día. En la excelente película danesa En un mundo mejor, de Susanne Bier, último Oscar a la mejor película extranjera, los protagonistas se trasladan a la escuela en bicicleta. Son otras latitudes, otros modos. Sin embargo, parece oportuno preguntarnos, hoy y aquí: ¿cómo van a la escuela los niños españoles?

Y la oportunidad deriva de lo poco que sabemos de los menores como ciudadanos con derechos y deberes urbanos. Los hábitos adultos suelen generarse en edades tempranas, por lo que es vital que se permita a los ciudadanos más jóvenes aprender a caminar por la ciudad, por su barrio. Un aprendizaje que era habitual hasta hace poco, pero que se ha ido perdiendo en aras de la modernidad. Una de las primeras secuelas es que ciertos grupos de ciudadanos ya no perciben el hecho de caminar como un modo habitual de desplazarse por la ciudad.
De ahí lo importante de la iniciativa que proponen algunos ayuntamientos de promover los caminos escolares, recorridos seguros que, en los barrios, permiten que los niños puedan llegar a la escuela andando solos o en grupo sin el peligro de ser atropellados. Con aceras amplias y señales adecuadas, y con la ayuda de maestros, padres y vecinos. Recorridos seguros entre la casa y la escuela que no sólo proporcionan el placer de caminar, sino también redescubrir que las calles de la ciudad son también para los niños, y que estos tienen que volver a sentirse actores de la ciudad.
Los mayores tenemos que asegurarles este derecho, con microurbanismos y una gestión adecuada del espacio público. Eso es lo que cuenta el magnífico libro de Marta Román ¡Hagan sitio, por favor!: la reintroducción de la infancia en la ciudad. Eso es trabajar para el futuro.